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AGUAS RESIDUALES VUELVEN AL CENTRO DEL DEBATE EN MAO MIENTRAS AVANZA EL NUEVO ALCANTARILLADO

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“La calidad de una ciudad también se mide por aquello que sus calles no deberían obligar a soportar.”

MAO, VALVERDE. — En una ciudad donde debajo de las calles se construye una de las obras sanitarias más importantes de los últimos años, el problema de las aguas residuales volvió este martes al centro de la conversación pública.

Dirigentes de Fuerza del Pueblo denunciaron este 22 de septiembre la existencia de desbordamientos y acumulaciones de aguas residuales en distintos sectores de Mao y pidieron la intervención de las autoridades responsables del sistema sanitario.

La organización política sostiene que la situación está generando condiciones de insalubridad para residentes de varias comunidades y reclamó acciones para evitar que los problemas continúen.

La denuncia, sin embargo, ocurre en un momento particular.

Mientras residentes enfrentan, según los dirigentes opositores, problemas relacionados con el sistema existente, el Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA) mantiene en construcción un nuevo alcantarillado sanitario diseñado precisamente para transformar el manejo de las aguas residuales de Mao.

ENTRE LA DENUNCIA POLÍTICA Y UNA OBRA EN CONSTRUCCIÓN

Las afirmaciones sobre desbordamientos fueron realizadas por representantes de Fuerza del Pueblo y, por sí solas, no constituyen una evaluación técnica independiente de todo el sistema sanitario de Mao.

Esa distinción es importante.

La denuncia plantea un problema que merece atención, pero determinar su magnitud, las comunidades realmente afectadas, sus causas y las soluciones necesarias requiere información técnica de las instituciones responsables.

Lo que sí está documentado es que Mao atraviesa actualmente una transformación considerable de su infraestructura sanitaria.

El pasado 26 de junio, el director ejecutivo de INAPA, Wellington Arnaud, inspeccionó los trabajos y anunció que la planta de tratamiento de aguas residuales presentaba entonces un avance aproximado del 80 %.

La institución proyectó completar el proyecto antes de finalizar 2026.

UNA OBRA QUE CAMBIARÍA LO QUE OCURRE DEBAJO DE MAO

El nuevo sistema no se limita a una planta de tratamiento.

Los documentos técnicos de INAPA describen una infraestructura diseñada para recoger las aguas residuales desde miles de viviendas y transportarlas mediante un sistema por gravedad hasta una planta con capacidad para procesar aproximadamente 130 litros por segundo.

El proyecto contempla miles de acometidas domiciliarias, decenas de kilómetros de tuberías colectoras y cientos de registros de inspección.

Entre sus componentes figuran aproximadamente 49.9 kilómetros de tubería de ocho pulgadas, además de colectores de mayores dimensiones y un colector principal de más de cuatro kilómetros. También se proyectaron 887 registros de inspección.

Es una obra que ocurre en gran medida fuera de la vista.

Pero cuando esté funcionando, su impacto debería sentirse precisamente porque dejará de verse.

Las aguas que hoy pueden terminar acumulándose o desplazándose por espacios inadecuados deberían ser recogidas, transportadas y tratadas antes de su disposición final.

LOS SECTORES QUE ESPERAN EL CAMBIO

Según INAPA, el proyecto beneficiará sectores como Villa Olímpica, San Antonio, María Auxiliadora, Motocross, Los Cayucos, Cerro Marino, Carlos Daniel, Los Cajuiles, La Mina, Sibila, barrio Militar, Las 300, La 40, El Rincón, El Samán, Copellito y Enriquillo, entre otras comunidades.

La dimensión territorial de esa lista ayuda a comprender por qué el alcantarillado no es simplemente otra obra pública.

El tratamiento de aguas residuales toca asuntos de salud, contaminación, medioambiente, urbanismo y calidad de vida.

Y también explica por qué cualquier denuncia sobre aguas negras desbordándose en sectores residenciales merece algo más que una confrontación política.

Necesita respuestas verificables.

MAO ARRASTRA UN PROBLEMA HISTÓRICO

Documentos preparados dentro del propio proceso del proyecto describían una realidad particularmente delicada: las aguas residuales de Mao no contaban con un sistema completo de recolección, tratamiento y disposición final que respondiera a las necesidades de la ciudad.

El proyecto en ejecución fue concebido precisamente para enfrentar esa deficiencia histórica.

Por eso, las escenas denunciadas ahora deben observarse dentro de dos realidades que existen al mismo tiempo.

Por un lado, una ciudad que todavía enfrenta consecuencias de décadas de infraestructura sanitaria insuficiente.

Por otro, una obra de gran escala que las autoridades aseguran se aproxima a su etapa final.

LA PREGUNTA AHORA ES CUÁNTO FALTA REALMENTE

En junio, INAPA situaba el avance de la planta por encima del 80 % y hablaba de una entrega antes de concluir el año.

Han transcurrido casi tres meses.

La denuncia presentada este martes abre entonces una pregunta que va más allá de Fuerza del Pueblo, del Gobierno o de cualquier organización política:

¿Cuál es el estado real del proyecto a septiembre de 2026 y cuándo comenzará la población a sentir sus efectos?

Esa respuesta corresponde ofrecerla a INAPA.

También sería necesario determinar cuáles sectores presentan actualmente desbordamientos, si esos incidentes están vinculados al viejo sistema, a trabajos relacionados con la nueva infraestructura o a circunstancias distintas.

Sin esas respuestas, cualquier conclusión sería prematura.

UN PROBLEMA QUE NO RECONOCE COLORES POLÍTICOS

Las aguas residuales no distinguen entre oficialistas y opositores.

Cuando un sistema sanitario falla, las consecuencias terminan frente a viviendas, comercios, escuelas y calles utilizadas diariamente por personas con posiciones políticas muy diferentes.

La denuncia de Fuerza del Pueblo pertenece al terreno político.

La solución, sin embargo, pertenece al terreno de los servicios públicos.

Y para los residentes de Mao, probablemente sea esa diferencia la que más importe.

Porque detrás de los porcentajes de construcción, los kilómetros de tuberías y las declaraciones de dirigentes hay una expectativa mucho más sencilla:

poder abrir la puerta de una vivienda, caminar por una calle o permitir que los niños jueguen en su comunidad sin encontrarse con aguas residuales.

Mao tiene ahora una de las mayores oportunidades de su historia reciente para cambiar esa realidad.

La pregunta ya no es solamente si la obra existe.

La pregunta es cuándo comenzará a funcionar plenamente y cuándo ese progreso bajo tierra podrá sentirse, finalmente, en las calles.

Esperanza33 continuará dando seguimiento al proyecto de alcantarillado sanitario de Mao y a cualquier respuesta oficial de INAPA sobre las denuncias realizadas este 22 de septiembre.

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