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Asfalto electoral: sombra negra que cubre la ineficiencia del gobierno y los ayuntamientos
Por Cesar Gutiérrez, El 4to. Poder
El plan de asfaltado que ejecuta el gobierno de Luis Abinader, al igual que en el pasado, es un “asfalto electoral”, convertido en una metáfora poderosa: una capa de obras rápidas, visibles y oportunas que intenta cubrir grietas más profundas de gestión. No se trata solo de calles pavimentadas, sino de decisiones aceleradas en tiempos políticamente sensibles que buscan generar percepción de eficiencia, más que resolver los problemas estructurales de la comunidad.
Esta “sombra negra” simboliza cómo la inversión pública puede ser utilizada más como herramienta de imagen que como política sostenible. Cuando el asfalto llega sin planificación integral sin drenaje adecuado, sin priorización técnica, sin transparencia en los contratos termina siendo un parche temporal que se deteriora con la misma rapidez con que fue colocado.
El riesgo para el gobierno y los ayuntamientos no es solo el cuestionamiento inmediato, sino el desgaste progresivo de la credibilidad. La ciudadanía empieza a percibir que las soluciones son superficiales y condicionadas al calendario electoral, lo que alimenta el desencanto y la desconfianza.
En ese contexto, el verdadero desafío no es pavimentar más, sino gobernar mejor: transformar obras visibles en políticas duraderas, y sustituir la lógica electoral por una lógica de desarrollo.
Una pintura negra que cubre actos de corrupción
Los hallazgos de auditorías en distintos ayuntamientos de República Dominicana muestran un patrón recurrente de fallas graves de control financiero, baja transparencia y posibles actos de corrupción.
1. No conciliaciones bancarias: el síntoma clave del desorden financiero
Las conciliaciones bancarias son el mecanismo básico para saber si el dinero registrado coincide con el dinero real. Cuando no se hacen o están atrasadas, el sistema pierde control.
En el Ayuntamiento de Pedro Brand, la contabilidad no estaba al día y se estaban corrigiendo conciliaciones atrasadas durante la auditoría
En La Vega, se detectaron operaciones bancarias no registradas en libros, afectando la ejecución presupuestaria
En Puerto Plata, hubo diferencias contables, cheques vencidos y conciliaciones inconsistentes
En esperanza, la contralora envía una carta al Concejo Municipal certificando una no conciliación bancaria y, a esto, el gobierno responde enviando el “asfalto electoral”, como paliativo y laxitud.
En estos ayuntamientos, hay dinero que “no aparece” gastos fuera del sistema, manipulación de registros y cero transparencias.
Uno de los hallazgos más graves es el manejo de fondos sin documentación:
Más de RD$1,100 millones en ingresos y gastos sin respaldo en Puerto Plata
Pagos sin facturas, contratos o evidencia de servicios prestados
Contrataciones sin procesos formales por cientos de millones
La desaparición de documentos o la falta de ellos, por no haberlos emitido, imposibilidad de auditar correctamente, lo que deja un alto riesgo de posibles desfalcos en los ayuntamientos mencionados.
Las denuncias de corrupción y prácticas irregulares en los ayuntamientos, copan las auditorías practicadas a estos. También revelan conductas típicas de corrupción administrativa.
Nóminas fantasmas y pagos a personas inexistentes en Nagua, pagos duplicados y gastos personales cargados al ayuntamiento, obras pagadas por encima de lo ejecutado, compras y contratos sin licitación ni justificación. Además, la Cámara de Cuentas ha tenido que intervenir múltiples cabildos por denuncias de irregularidades y obras que “no existen” pese a haber sido financiadas.
La falta de rendición de cuentas institucional, el problema no es solo técnico, también es político.
Alrededor del 30% de funcionarios municipales no presenta declaración jurada de bienes
Incumplimiento de leyes de compras, presupuesto y control interna, debilidad en la cultura de transparencia, baja presión institucional, impunidad administrativa.
Cuando se combinan estos elementos no conciliaciones, falta de soporte, irregularidades y opacidad el resultado es un modelo de gestión municipal con tres rasgos:
1. Desorden contable funcional al desvío
2. Obras visibles vs. finanzas invisibles
3. Utilización del ayuntamiento como botín político
El dinero de las alcaldías que el pueblo deposita como impuestos y arbitrios, en vez de ser usados en políticas de desarrollo, conservación y cuido de áreas públicas y de dominio públicos, educación ciudadana y en pequeñas obras municipales de infraestructuras, se está gastando en clientelismo político a través de nóminas infladas y publicidad.
El riesgo mayor no es solo el dinero perdido, sino el impacto en la democracia local
Esto puede desencadenar en que los ayuntamientos se conviertan en débiles órganos con grandes ineficiencias de servicios, de poca confianza pública en deterioro y gobiernos locales fallidos.
La Liga municipal dominicana en complicidad con la ineficiencia de las alcaldías del PRM
El rol de la Liga Municipal Dominicana, sus funciones deben ser de asistencia técnica a los ayuntamientos, capacitación, apoyo en planificación y gestión y acompañamiento en la capacitación de su personal.
En teoría, debería ser un órgano de fortalecimiento institucional.
Más en este organismo municipal, la acusación de complicidad suele surgir debido a que, se repiten los mismos patrones en una gran cantidad de ayuntamientos. La repetición de irregularidades que muestran las auditorías, señalan fallas similares en distintos municipios:
Si estas fallas se detectan, pero no hay consecuencias claras ni mejoras visibles, se percibe que el sistema permite que continúen.
A todo esto, se suma la pérdida de trazabilidad en la ejecución de obras con fondos provenientes de distintas instituciones del estado y privadas, donde no se distingue claramente entre fondos públicos y privados y ocurren distorsiones en las publicaciones que traen como consecuencia confusión sobre el origen del dinero.
La ciudadanía no sabe si una obra la pagó el ayuntamiento, la financió una empresa o fue una combinación. Esto supone la sospecha de un uso político de obras privadas, donde funcionarios municipales pueden presentar como logros propios obras que no fueron financiadas con presupuesto municipal.
En conclusión, esa nube o pintura negra que llamamos “asfalto electoral, es un manto de encubrimiento de un sistema corrupto que domina la mayoría de alcaldías de la Republica Dominicana.