Actualidad
Desastres naturales: Lluvias intensas, socavones y vientos huracanados. El impacto de intervenir formaciones riosas y mal uso de la diversidad ambiental en la República Dominicana
Por César Gutiérrez
23 de abril 2026
En las últimas décadas, la República Dominicana ha experimentado un aumento significativo en la frecuencia e intensidad de desastres asociados a fenómenos hidrometeorológicos y vientos huracanados. Aunque estos eventos son naturales, sus consecuencias se han agravado por la intervención humana en ecosistemas clave, especialmente en las formaciones riosas. La ocupación de zonas inundables, la debilidad institucional y la falta de conciencia ciudadana han transformado lluvias intensas en tragedias evitables.
Formaciones riosas: equilibrio natural en riesgo
Las formaciones riosas -cauces, riberas, llanuras de inundación y cuencas- actúan como sistemas de amortiguamiento natural. Su función principal es absorber y canalizar el exceso de agua durante lluvias intensas.
Cuando estas áreas se respetan, los ríos pueden expandirse sin causar daños significativos. Pero cuando son ocupadas o modificadas, el agua pierde su espacio natural y busca salida en zonas urbanas.
Los vientos huracanados son una de las manifestaciones más destructivas de los ciclones tropicales, caracterizados por alcanzar velocidades superiores a los 119 km/h, según la clasificación de un Huracán. Estos vientos no solo tienen la capacidad de derribar viviendas, árboles y tendidos eléctricos, sino que también levantan escombros que se convierten en proyectiles peligrosos, aumentando el riesgo para la vida humana. Su impacto se agrava en zonas donde la planificación urbana es deficiente o donde las construcciones no cumplen con normas de seguridad. Además, al combinarse con lluvias intensas, los vientos huracanados contribuyen indirectamente a inundaciones y deslizamientos, especialmente en territorios donde las formaciones riosas han sido alteradas o invadidas, incrementando así la vulnerabilidad ante desastres naturales.
El boomerang
Cuando se interviene una formación riosa para expandir una propiedad o levantar construcciones, suele primar una visión inmediata del beneficio -más espacio, mayor valor del terreno-, sin embargo, esto se convertirá tarde o temprano en un boomerang, ya que, al no considerar el comportamiento natural del sistema fluvial. Estas áreas que no son terrenos “vacíos”, sino espacios funcionales donde el agua se desplaza, se acumula o se desborda en momentos de alta precipitación. Al reducir o bloquear ese espacio, se altera el equilibrio hidrológico, provocando que el agua busque nuevas rutas, muchas veces atravesando o destruyendo lo que se ha construido. Lo que en apariencia es una ganancia territorial a corto plazo, en realidad representa una acumulación silenciosa de riesgo.
Con el paso del tiempo, esta intervención se vuelve en contra de quienes ocupan esos espacios. Durante eventos extremos, como lluvias intensas o tormentas, el río tiende a recuperar su cauce natural, generando inundaciones repentinas, socavación de cimientos y pérdidas materiales significativas. Este fenómeno no es casual, sino una consecuencia directa de ignorar la dinámica de las formaciones riosas. Así, lo construido sin planificación ni respeto por el entorno termina siendo vulnerable, demostrando que la naturaleza no se adapta a la infraestructura humana, sino que eventualmente la sobrepasa.
Casos reales en los últimos 30 años
El Huracán Georges (1998)
Uno de los eventos más devastadores en la historia reciente del país que provocó inundaciones masivas, desbordamiento de ríos, miles de viviendas destruidas. En todo caso, gran parte del daño se debió a comunidades asentadas en márgenes de ríos y zonas vulnerables.
Tormenta Noel (2007)
Las intensas lluvias de este fenómeno, provocaron el colapso de múltiples cuencas hidrográficas. Al igual que Georges, hubo desbordamientos en el Cibao, deslizamientos de tierra y comunidades aisladas. En muchos casos, las construcciones en zonas riosas impidieron el drenaje natural.
La Tormenta Olga (2007)
Esta tormenta ocurrió poco después de Noel, agravando la situación. En ese entonces, hubo que liberar agua de las presas, las inundaciones penetraron de forma rápidas en zonas habitadas y la alta mortalidad no se hizo esperar.
En Santo Domingo, en la última década, los eventos recientes han mostrado que incluso áreas urbanas modernas son vulnerables.
Calles convertidas en ríos. Colapso del drenaje pluvial- Pérdidas económicas significativas. Esto refleja la ocupación de antiguos cauces y humedales.
Consecuencias directas de construir sobre formaciones riosas:
Esta mala práctica: Eliminan áreas de absorción natural. Aumentan la velocidad del agua. Generan inundaciones repentinas. Incrementan la sedimentación y contaminación.
Como popularmente han dicho los antecesores nuestros: “el río siempre reclama su espacio”.
Debilidad institucional y falta de cumplimiento
La Ley 64-00 establece claramente la protección de cuencas y zonas vulnerables. Sin embargo, la realidad muestra:
Permisos otorgados en zonas prohibidas. Falta de supervisión técnica. Escasa sanción a infractores.
Esta ley establece la prevención como principio fundamental
Promueve el ordenamiento territorial. Define sanciones por daños ambientales. Reconoce la participación ciudadana
Sin embargo, su efectividad depende de su aplicación real, no solo de su existencia.
Esto no es solo negligencia, sino un factor estructural que contribuye al riesgo.
Ciudadanía y cultura ambiental
El comportamiento ciudadano también incide directamente en la problemática: La Acumulación de basura en cañadas, la ocupación informal de terrenos, es un fragrante desafío a la ley y desconocimiento del riesgo
La basura, por ejemplo, bloquea drenajes y agrava inundaciones incluso con lluvias moderadas.
Diversidad ambiental y resiliencia
La biodiversidad y los ecosistemas fluviales no solo tienen valor ecológico, sino también funcional:
Reflexión crítica
La combinación de autoridades permisivas y ciudadanía irresponsable crea un ciclo de vulnerabilidad.
Responsabilidades compartidas
Las autoridades tienen un papel fundamental en la protección de los cauces de los ríos y las formaciones riosas, ya que son responsables de establecer, hacer cumplir y supervisar las normativas ambientales. Instituciones como los ayuntamientos, junto con figuras comunitarias como los alcaldes pedáneos, deben garantizar que no se realicen construcciones ilegales, desvíos indebidos ni extracciones que alteren el equilibrio natural de los ríos. Asimismo, deben promover políticas de ordenamiento territorial, educación ambiental y proyectos de conservación que protejan la biodiversidad y prevengan riesgos como inundaciones y socavones.
Por su parte, la ciudadanía organizada, a través de juntas de vecinos y otros grupos comunitarios, desempeña un rol clave como vigilante y defensora del entorno. Estas organizaciones pueden denunciar prácticas dañinas, colaborar en jornadas de limpieza, reforestación y concienciación, y exigir a las autoridades el cumplimiento de las leyes ambientales. La participación activa de la comunidad fortalece la protección de los recursos naturales, creando una cultura de respeto hacia los ríos y su entorno, indispensable para preservar la biodiversidad y garantizar un desarrollo sostenible.