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DOS NUEVOS OROS Y MIL MEDALLAS: REPÚBLICA DOMINICANA AMPLÍA SU HISTORIA EN SANTO DOMINGO 2026
“El deporte tiene el poder de cambiar el mundo.” Nelson Mandela
SANTO DOMINGO.: Esmeralda Damiano Guerrero sostuvo la medalla frente a ella como quien contempla el resultado de un largo viaje. Había nacido y se había formado como atleta en Suiza, pero sobre su uniforme llevaba los colores de la tierra de su madre: República Dominicana.
A pocos metros, en otro escenario del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, Wilfrido de la Cruz recorría el área de competencia con la bandera dominicana extendida sobre sus hombros.
Dos atletas, dos disciplinas y dos nuevas medallas de oro.
Pero aquella jornada representó algo más que dos victorias individuales. Mientras Damiano triunfaba en judo y De la Cruz se coronaba en taekwondo, República Dominicana alcanzaba una cifra simbólica que resume décadas de participación deportiva: mil medallas acumuladas en la historia de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
El país anfitrión no solo estaba organizando los Juegos del centenario. También estaba escribiendo una de las páginas más importantes de su propia trayectoria en ellos.
ESMERALDA DAMIANO: UN ORO ENTRE DOS NACIONES
Esmeralda Damiano Guerrero conquistó el segundo oro dominicano de Santo Domingo 2026 al imponerse en la final de la categoría femenina de menos de 70 kilogramos.
Su rival fue la venezolana Eliana Aguiar.
La victoria convirtió a Damiano en la segunda judoca dominicana campeona durante estas competencias, después del triunfo de Ana Rosa García en los menos de 57 kilogramos.
Su historia, sin embargo, se extiende mucho más allá del tatami.
Damiano nació en Basilea, Suiza. Es hija de la dominicana Ramona Guerrero y del italiano Silvio Damiano. Se formó deportivamente en territorio suizo, pero decidió representar a República Dominicana, la nación materna con la que construyó una conexión cultural y afectiva.
Antes de llegar a estos Juegos, había ganado una medalla de plata para el país en el Campeonato Panamericano de Judo de 2026, celebrado en Panamá. También había conquistado oro durante su etapa juvenil.
“Si está representando a la República Dominicana o a otro país, los dominicanos siempre están orgullosos de sus atletas”, expresó Damiano antes del inicio de los Juegos al reflexionar sobre la relación de la diáspora con el deporte nacional. Santo Domingo 2026
Su oro confirma que la identidad deportiva dominicana ya no se construye únicamente dentro de las fronteras nacionales. También crece entre los hijos de emigrantes que, aun nacidos y formados en otras sociedades, encuentran en el uniforme dominicano una manera de regresar.
WILFRIDO DE LA CRUZ: LA BANDERA ALREDEDOR DEL DOJANG
La tercera medalla de oro para República Dominicana llegó por medio de Wilfrido de la Cruz, campeón de la categoría masculina de menos de 54 kilogramos del taekwondo.
En el combate decisivo, De la Cruz se impuso al hondureño Derek Midence por 2-0. El dominicano controló los dos asaltos disputados y cerró el enfrentamiento con autoridad.
Cuando terminó, tomó la bandera nacional y recorrió con ella el dojang del Pabellón de Taekwondo del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte.
La celebración pareció espontánea, pero detrás de ella existían años de entrenamiento. De la Cruz había obtenido anteriormente la medalla de plata en el Campeonato Panamericano de Taekwondo de 2026. En Santo Domingo encontró la oportunidad de subir un escalón más alto.
El oro también confirmó el buen comienzo del taekwondo dominicano, que añadió medallas de bronce mediante las actuaciones de Cristofer Reyes, en los menos de 58 kilogramos, y Nahomy Víctor, en los menos de 53.
Con Damiano y De la Cruz, República Dominicana cerró esa etapa de la competencia con tres oros: dos procedentes del judo y uno del taekwondo.
EL CAMINO HACIA LAS MIL MEDALLAS
La cifra histórica no apareció de repente.
República Dominicana comenzó Santo Domingo 2026 con 993 medallas acumuladas desde su primera participación en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en 1946, según el conteo del Comité Olímpico Dominicano.
Durante la primera jornada, la delegación agregó cinco preseas. Después llegaron dos medallas de bronce obtenidas por Francesca Pigozzi en esquí náutico, suficientes para completar el millar.
Pigozzi subió al podio en las modalidades femeninas de figuras y salto. En figuras obtuvo 1,870 puntos. En salto alcanzó una marca de 18.5.
Por esa razón, aunque los oros de Damiano y De la Cruz marcaron los grandes titulares de la jornada, fueron las dos preseas de Pigozzi las que completaron matemáticamente la histórica cifra de 1,000 medallas.
Ese detalle no reduce el valor de ninguna victoria. Por el contrario, demuestra la naturaleza colectiva de un medallero construido durante 80 años.
La medalla número mil pertenece a quienes compitieron en Santo Domingo, pero también a generaciones anteriores de boxeadores, velocistas, levantadores de pesas, judocas, taekwondistas, peloteros, nadadores y atletas de numerosas disciplinas que representaron al país desde mediados del siglo XX.
EL JUDO, PRIMER GRAN MOTOR DOMINICANO
Durante las jornadas iniciales, el judo se convirtió en la disciplina más productiva para la delegación anfitriona.
Además de los oros de Ana Rosa García y Esmeralda Damiano, el país consiguió plata con Estefanía Soriano en menos de 48 kilogramos.
También llegaron medallas de bronce mediante Diego García, Maikor Louis, Samantha Josefa y Creymarlin Valdez.
El resultado fue una cosecha de siete preseas para el judo dominicano en los primeros días de competencia.
No se trata de un éxito improvisado. El judo nacional ha construido durante décadas una estructura competitiva capaz de producir atletas continentales, panamericanos y olímpicos. Competir en casa ofreció ahora la oportunidad de convertir esa preparación en una celebración compartida con el público.
UN PAÍS ENTRE LOS PRIMEROS DEL MEDALLERO
Al terminar la jornada en la que se produjeron los triunfos de Damiano y De la Cruz, República Dominicana ocupaba el quinto lugar del medallero general con 13 preseas: tres de oro, dos de plata y ocho de bronce.
La clasificación continúa cambiando conforme se disputan nuevas finales. En la actualización oficial más reciente consultada, la delegación dominicana se mantenía en el quinto puesto, aunque ya había ampliado su cosecha.
México conserva el liderazgo inicial, seguido por delegaciones tradicionalmente poderosas como Colombia, Cuba y Venezuela. Medallero oficial
Para República Dominicana, el desafío consiste ahora en sostener el ritmo durante las próximas jornadas y distribuir sus resultados entre una mayor cantidad de deportes.
La ventaja de competir como anfitrión ofrece respaldo popular, conocimiento de las instalaciones y una delegación numerosa. Pero también eleva las expectativas.
Cada atleta dominicano participa bajo la mirada de un país que espera resultados y que, por primera vez en décadas, puede presenciar de cerca una parte significativa de sus actuaciones.
LOS JUEGOS DEL CENTENARIO
Los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe se celebran cien años después de la primera edición, organizada en Ciudad de México en 1926.
La competencia de Santo Domingo reúne aproximadamente 6,200 atletas, una cifra récord para el evento. El programa comprende 40 deportes y 53 disciplinas, de acuerdo con la presentación realizada por el Comité Organizador antes de la inauguración. Las competencias comenzaron el 24 de julio y continuarán hasta el 8 de agosto. Comité Organizador de Santo Domingo 2026
Atletas de 37 países y territorios compiten en instalaciones distribuidas entre Santo Domingo y otras localidades del país.
La magnitud convierte esta edición en una prueba deportiva y organizativa. Durante más de dos semanas, República Dominicana deberá coordinar competencias, transporte, alojamiento, seguridad, atención médica y operaciones técnicas para miles de participantes.
La celebración también devuelve los Juegos a una ciudad con una relación histórica con el evento. Santo Domingo fue sede en 1974 y Santiago acogió una edición extraordinaria en 1986.
UNA CIFRA CON ROSTROS HUMANOS
Las estadísticas deportivas suelen reducir una historia a columnas: oro, plata y bronce.
Pero detrás de las mil medallas dominicanas existen mil momentos diferentes.
Hay atletas que regresaron al país como campeones y otros que compitieron sin recursos suficientes. Hay familias que financiaron entrenamientos, entrenadores que trabajaron fuera de las cámaras y comunidades que vieron en cada triunfo una representación de sus propias posibilidades.
La medalla de Damiano contiene la historia de una hija de la diáspora que decidió competir por la nación de su madre.
La de De la Cruz conserva la imagen de un joven recorriendo el área de combate cubierto por una bandera.
Las de Pigozzi ocupan un lugar particular porque completaron una cifra que ninguna generación había alcanzado antes.
MÁS ALLÁ DEL NÚMERO MIL
La celebración de las mil medallas no debe funcionar como punto de llegada, sino como una oportunidad para preguntarse qué necesita el deporte dominicano para conquistar las próximas mil.
El talento por sí solo no es suficiente.
Los resultados sostenibles requieren instalaciones adecuadas, entrenadores preparados, competencias nacionales, atención médica, nutrición, educación y apoyo económico para que los atletas no tengan que abandonar su disciplina antes de alcanzar su mejor nivel.
Santo Domingo 2026 ofrece una vitrina extraordinaria. Pero el verdadero legado se medirá después de que se apaguen las luces y los visitantes regresen a sus países.
Las medallas de Esmeralda Damiano Guerrero y Wilfrido de la Cruz pertenecen al presente. La número mil pertenece a la historia.
El próximo desafío será convertir este momento de orgullo en una estructura capaz de sostener el futuro.