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EL COSTO DE VIVIR VUELVE A SUBIR: GASOLINA, HIPOTECAS Y ARANCELES PRESIONAN A ESTADOS UNIDOS
“Cuida de los pequeños gastos; un pequeño agujero hunde un gran barco.” Benjamin Franklin
WASHINGTON.— Para millones de familias estadounidenses, las señales más importantes de la economía no aparecen primero en Wall Street ni en los informes del Gobierno. Se manifiestan en la pantalla de una estación de gasolina, en la mensualidad de una vivienda y en el precio final de los productos cotidianos.
Durante los últimos días, esas señales han vuelto a encender las alarmas.
El precio promedio nacional de la gasolina regular alcanzó aproximadamente US$4.11 por galón, casi un dólar más que hace un año. Al mismo tiempo, la tasa promedio de las hipotecas fijas a 30 años subió a 6.58 %, su nivel más alto en casi 12 meses.
Los dos aumentos responden a fuerzas diferentes, pero terminan llegando al mismo lugar: el presupuesto de los hogares.
La gasolina encarece el transporte. Las tasas elevadas aumentan el costo de comprar una vivienda. Los nuevos aranceles pueden elevar los precios de mercancías importadas. Y cuando todos esos factores coinciden, las familias tienen menos espacio para ahorrar, consumir o enfrentar una emergencia.
UNA VISITA MÁS COSTOSA A LA GASOLINERA
El precio promedio de la gasolina regular se situó en US$4.11 por galón el 26 de julio de 2026, frente a aproximadamente US$4 una semana antes y US$3.15 en la misma fecha del año anterior, según los datos publicados por AAA. AAA Fuel Prices
El aumento ha sido impulsado principalmente por la inestabilidad en los mercados energéticos, las tensiones en Oriente Medio y las interrupciones que afectan el transporte y procesamiento mundial del petróleo.
Aunque unos centavos adicionales pueden parecer una variación pequeña, su efecto se acumula rápidamente. Una familia que utiliza dos vehículos, un trabajador que recorre largas distancias o un conductor de plataformas como Lyft y Uber puede terminar pagando cientos de dólares adicionales cada mes.
Para las pequeñas empresas, la presión puede ser todavía mayor.
Las compañías de limpieza, construcción, jardinería, entrega de alimentos y mantenimiento dependen de vehículos para transportar empleados, herramientas y materiales. Cuando aumenta la gasolina, sube el costo de cada servicio. El propietario del negocio debe entonces decidir entre reducir su ganancia, aumentar los precios o limitar las zonas donde puede trabajar.
El petróleo, en otras palabras, no se queda dentro del tanque. Viaja por toda la economía.
COMPRAR UNA CASA SE ALEJA PARA MUCHAS FAMILIAS
La presión también ha llegado al mercado inmobiliario.
La tasa promedio de una hipoteca fija a 30 años alcanzó 6.58 % el 23 de julio, frente al 6.55 % de la semana anterior. La tasa de los préstamos a 15 años subió a 5.96 %, de acuerdo con Freddie Mac. Freddie Mac
La diferencia puede parecer mínima, pero unas décimas de punto pueden representar decenas o cientos de dólares adicionales en la mensualidad, dependiendo del valor de la propiedad y del monto financiado.
El problema es especialmente grave porque las tasas elevadas no operan de manera aislada. Coinciden con precios de viviendas todavía altos, seguros más costosos, impuestos sobre la propiedad y un inventario limitado en numerosas ciudades.
Para una familia trabajadora, la vivienda que parecía alcanzable hace unos meses puede dejar de serlo sin que el precio de venta haya cambiado.
El aumento también afecta a quienes ya poseen propiedades. Muchos propietarios que consiguieron tasas cercanas al 3 % o 4 % durante años anteriores evitan vender porque tendrían que reemplazar su préstamo por otro considerablemente más caro. Eso reduce la disponibilidad de viviendas y contribuye a mantener elevados los precios.
El resultado es un mercado atrapado: los compradores no pueden pagar fácilmente y muchos vendedores no desean abandonar sus hipotecas económicas.
LOS ARANCELES AÑADEN OTRA CAPA DE INCERTIDUMBRE
A esta combinación se suman nuevos aranceles de entre 10 % y 12.5 % sobre importaciones procedentes de decenas de socios comerciales de Estados Unidos.
Los aranceles son impuestos cobrados al ingresar mercancías al país. Aunque son aplicados formalmente a los importadores, una parte considerable de su costo puede terminar trasladándose a distribuidores, pequeños negocios y consumidores.
Eso significa que los productos afectados podrían llegar con precios mayores a tiendas, almacenes y talleres.
Una empresa pequeña que compra equipos, piezas, computadoras, uniformes, materiales de construcción o productos fabricados en el extranjero puede enfrentar costos más altos sin tener el poder de negociación de una gran corporación.
Para los hogares, la consecuencia puede aparecer gradualmente: algunos dólares adicionales en un electrodoméstico, una reparación, una computadora o determinados productos de consumo. Pero, como ocurre con la gasolina, el verdadero impacto surge cuando todos los incrementos se acumulan.
WALL STREET TAMBIÉN MIRA CON PREOCUPACIÓN
Los mercados financieros terminaron una semana débil y volátil.
El Nasdaq cayó aproximadamente 2 % durante la semana, mientras el S&P 500 y el promedio industrial Dow Jones también registraron pérdidas. El viernes ofreció resultados mixtos: el Dow avanzó cerca de 0.5 %, el S&P 500 terminó prácticamente sin cambios y el Nasdaq perdió alrededor de 0.6 %. Reuters
Una parte de la inquietud estuvo relacionada con el petróleo. Cuando la energía se encarece, aumenta el temor de que la inflación vuelva a fortalecerse y obligue a la Reserva Federal a mantener elevadas las tasas de interés durante más tiempo.
Pero los inversionistas también comenzaron a mirar con mayor severidad el gasto de las grandes compañías tecnológicas en inteligencia artificial.
Empresas como Alphabet, Microsoft, Meta y Amazon están destinando cantidades extraordinarias de dinero a centros de datos, procesadores, redes eléctricas y otras infraestructuras necesarias para desarrollar y operar sistemas avanzados de IA.
El mercado no cuestiona necesariamente la importancia futura de la tecnología. La duda es más inmediata: ¿cuándo producirán esos miles de millones de dólares ganancias suficientes para justificar semejante inversión?
La preocupación se intensificó después de que Alphabet elevara sus proyecciones de gasto de capital. El anuncio recordó a los inversionistas que la revolución de la inteligencia artificial requiere una infraestructura extremadamente costosa antes de garantizar beneficios equivalentes. Reuters
DOS ECONOMÍAS QUE FINALMENTE SON UNA SOLA
Puede parecer que existen dos economías estadounidenses.
Una se encuentra en los centros de datos, los mercados bursátiles y las juntas directivas de las grandes compañías tecnológicas. La otra está en las estaciones de gasolina, los supermercados, los apartamentos y las pequeñas empresas.
Pero ambas están profundamente conectadas.
Cuando el petróleo aumenta, suben el transporte y la inflación. Cuando la inflación preocupa, los rendimientos de los bonos pueden elevarse. Cuando esos rendimientos aumentan, también suelen hacerlo las tasas hipotecarias. Y cuando el crédito y los costos operativos se encarecen, las empresas reducen inversiones, contrataciones o expansiones.
La presión no siempre llega como una crisis repentina. A menudo aparece como una sucesión de pequeñas renuncias: una familia pospone la compra de una vivienda, un empresario cancela una contratación, un conductor trabaja más horas para cubrir la gasolina o un consumidor deja para después una reparación necesaria.
UNA PRUEBA PARA HOGARES Y PEQUEÑAS EMPRESAS
La economía estadounidense todavía conserva fortalezas importantes. El empleo se mantiene resistente, el consumo no se ha desplomado y muchas empresas continúan reportando ganancias.
Sin embargo, la resistencia no significa ausencia de dolor.
Una familia puede continuar pagando sus facturas y, al mismo tiempo, sentirse económicamente más vulnerable. Una pequeña empresa puede seguir abierta mientras observa cómo sus márgenes se reducen cada mes.
La verdadera prueba de una economía no consiste únicamente en saber si los mercados suben o si las grandes corporaciones continúan creciendo. También consiste en determinar cuánto dinero queda en el bolsillo de una familia después de pagar la vivienda, llenar el tanque y comprar lo necesario para vivir.
En este momento, para millones de estadounidenses, esa cantidad vuelve a disminuir.