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EL PERIODISMO ANTE SU HORA MÁS DIFÍCIL: MENOS INGRESOS, MÁS ALGORITMOS Y UNA DEMOCRACIA EN RIESGO

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“Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad nunca será otra cosa que mala.”
— Albert Camus

Durante décadas, los periódicos financiaron sus redacciones mediante una fórmula relativamente sencilla: vender ejemplares, captar suscriptores y ofrecer espacios publicitarios a empresas interesadas en llegar hasta sus lectores.

Ese modelo permitió sostener corresponsales, fotógrafos, editores, investigadores y periodistas locales capaces de asistir a una sesión municipal, examinar un presupuesto público o formular las preguntas que una autoridad preferiría no responder.

Pero aquella estructura económica se está desmoronando.

Medios de comunicación, asociaciones periodísticas y especialistas de distintas partes del mundo están advirtiendo que el periodismo atraviesa una crisis financiera que ya no amenaza solamente a las empresas informativas. También comienza a debilitar el derecho de las comunidades a recibir información confiable, independiente y producida profesionalmente.

LA PUBLICIDAD CRECE, PERO NO NECESARIAMENTE EN LOS MEDIOS

La publicidad digital no ha desaparecido. Por el contrario, continúa creciendo.

En Estados Unidos, los ingresos de la industria publicitaria digital alcanzaron aproximadamente 294,600 millones de dólares durante 2025, un crecimiento interanual del 13.9 %, según un informe de IAB y PwC. Sin embargo, el crecimiento general del mercado digital no significa que los periódicos, las emisoras y los medios independientes estén recibiendo una proporción suficiente de esos recursos.

Una parte importante de la inversión publicitaria se ha desplazado hacia buscadores, redes sociales, plataformas de video y grandes compañías tecnológicas que controlan la distribución, los datos de los usuarios y los sistemas mediante los cuales se decide qué contenido aparece primero.

El medio produce la noticia, paga al periodista, verifica los datos y asume la responsabilidad editorial. Sin embargo, con frecuencia es otra plataforma la que controla la audiencia, administra la publicidad y obtiene el mayor beneficio económico.

La consecuencia puede verse con mayor claridad en el periodismo local.

El informe State of Local News 2025, de la Universidad Northwestern, identificó 213 condados estadounidenses sin una fuente local de noticias y otros 1,524 con apenas un medio informativo. En conjunto, alrededor de 50 millones de personas viven en comunidades con acceso limitado o inexistente a información periodística local.

Cuando desaparece un periódico comunitario no solamente se pierde una empresa. Desaparece una memoria colectiva. Se reducen las investigaciones sobre contratos públicos, se debilita la vigilancia sobre las autoridades y disminuye la cobertura de escuelas, hospitales, tribunales, negocios y organizaciones comunitarias.

El silencio que queda suele ser ocupado por rumores, propaganda, publicaciones sin verificar o páginas creadas únicamente para generar visitas.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL CAMBIA LAS REGLAS

La inteligencia artificial no creó por sí sola la crisis del periodismo. La caída de la circulación impresa, la reducción de los anuncios tradicionales, la dependencia de las redes sociales y la fragmentación de las audiencias comenzaron mucho antes.

Pero la inteligencia artificial puede acelerar el problema.

Los nuevos buscadores y asistentes digitales son capaces de leer múltiples publicaciones, resumirlas y entregar una respuesta directamente al usuario. La persona obtiene la información sin necesidad de visitar el sitio que realizó el trabajo original.

Para el público, esto puede parecer cómodo. Para el medio, significa menos visitas, menos oportunidades de mostrar publicidad, menos suscripciones potenciales y una relación cada vez más distante con sus propios lectores.

Una encuesta del Reuters Institute entre ejecutivos de medios encontró que los editores esperan que el tráfico procedente de los buscadores disminuya aproximadamente un 43 % durante los próximos tres años. El informe también indicó que las visitas enviadas por Google Search a los medios ya habían descendido alrededor de un tercio a escala global.

Al mismo tiempo, el consumo de noticias mediante asistentes de inteligencia artificial comienza a crecer. El Digital News Report 2026 señala que el 10 % de los encuestados utiliza chatbots para informarse, frente al 7 % del año anterior. Entre los menores de 35 años, la proporción alcanza el 16 %.

Todavía son cifras minoritarias, pero muestran la dirección del cambio.

Durante años, los medios dependieron de que los ciudadanos hicieran clic en un titular para llegar hasta una página. Ahora comienza a surgir una internet donde el usuario formula una pregunta y recibe una respuesta elaborada con información extraída de numerosas fuentes, muchas veces sin conocer quién investigó los hechos originalmente.

¿QUIÉN PAGARÁ POR INVESTIGAR?

La pregunta fundamental no es si una máquina puede resumir una noticia.

La verdadera pregunta es quién financiará la búsqueda de esa información.

Una inteligencia artificial puede explicar un informe público después de que alguien lo encontró, lo leyó y lo convirtió en noticia. Puede resumir una investigación, pero no necesariamente asistir a una reunión comunitaria, entrevistar a una familia afectada, revisar cientos de documentos, proteger una fuente confidencial o enfrentar las presiones políticas y económicas que acompañan al periodismo de investigación.

Sin periodistas produciendo información original, los sistemas automatizados terminarían procesando versiones repetidas de contenido antiguo, incompleto o no verificado.

También existen preocupaciones sobre el uso de artículos, fotografías y archivos periodísticos para entrenar sistemas comerciales sin autorización o compensación suficiente. Organizaciones internacionales de medios han reclamado transparencia, reconocimiento de las fuentes y acuerdos económicos justos para los propietarios del contenido periodístico.

Algunos medios negocian licencias con empresas de inteligencia artificial. Otros han iniciado demandas o solicitado nuevas regulaciones. Sin embargo, no existe todavía un modelo universal que garantice que los ingresos generados por estas tecnologías regresen de manera proporcional a las redacciones que producen la información.

Solo una quinta parte de los ejecutivos consultados por el Reuters Institute considera que las licencias de contenido para plataformas de inteligencia artificial podrían convertirse en una fuente sustancial de ingresos. Casi la mitad espera que representen únicamente una contribución menor.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL TAMBIÉN PUEDE SER UNA HERRAMIENTA

La relación entre el periodismo y la inteligencia artificial no tiene que ser únicamente de confrontación.

Utilizada bajo supervisión humana, la tecnología puede ayudar a transcribir entrevistas, organizar documentos, analizar grandes bases de datos, traducir contenidos, personalizar boletines, detectar patrones y reducir tareas administrativas.

El peligro aparece cuando la eficiencia se convierte en excusa para sustituir indiscriminadamente a periodistas, eliminar controles editoriales o publicar información automatizada sin revelar su origen.

Una redacción puede utilizar inteligencia artificial y continuar defendiendo sus principios. Pero necesita reglas claras: verificación humana, identificación del contenido automatizado, protección de las fuentes, respeto a los derechos de autor y responsabilidad editorial sobre todo lo publicado.

La confianza no se puede automatizar.

UN PROBLEMA QUE PERTENECE A TODA LA SOCIEDAD

La crisis financiera del periodismo suele presentarse como un problema empresarial. No lo es únicamente.

Cuando un supermercado cierra, los consumidores pueden buscar otro establecimiento. Cuando desaparece el único medio que vigila una comunidad, no siempre existe un sustituto.

Sin cobertura profesional, las decisiones públicas pueden tomarse con menor escrutinio. Los casos de corrupción pueden permanecer ocultos. Las campañas electorales pueden depender más de la propaganda. Los ciudadanos reciben más contenido, pero menos información comprobada.

La UNESCO ha advertido que la viabilidad económica de los medios independientes es una condición necesaria para proteger el periodismo de interés público. Una prensa financieramente frágil es más vulnerable a la censura, las presiones empresariales, la influencia política y la autocensura.

Salvar el periodismo requerirá más que nostalgia por los periódicos impresos.

Los medios tendrán que diversificar sus ingresos mediante suscripciones, membresías, eventos, servicios especializados, donaciones, alianzas y publicidad directa. Las plataformas tecnológicas deberán ofrecer mayor transparencia y una compensación justa por el contenido que utilizan. Los gobiernos tendrán que proteger la competencia sin controlar las líneas editoriales.

Y los ciudadanos deberán comprender que la información confiable tiene un costo.

El periodismo no puede depender eternamente de que otras industrias paguen por él mientras el público espera recibirlo gratuitamente. Investigar, verificar, entrevistar, editar, fotografiar y publicar requiere tiempo, conocimiento y recursos.

La inteligencia artificial puede transformar la manera en que se distribuyen las noticias. Puede acelerar procesos y ampliar el acceso a la información. Pero no debería convertirse en una maquinaria que consume el trabajo de los medios hasta dejar sin recursos a quienes producen las noticias.

Porque cuando una redacción cierra, la pérdida no pertenece únicamente a sus propietarios o empleados.

La pierde toda la comunidad.

Y cuando el periodismo deja de formular preguntas, quienes ejercen el poder comienzan a responder cada vez menos.

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