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EL SIMULACRO DEJÓ UNA HISTORIA TECNOLÓGICA MÁS GRANDE DE LO QUE PARECÍA
“Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.” — Arthur C. Clarke
El simulacro nacional realizado el martes en la República Dominicana pudo parecer, para muchos ciudadanos, otro ejercicio preventivo destinado a recordar qué hacer cuando la tierra tiembla. Pero detrás de las sirenas, los protocolos y las evacuaciones ocurrió algo quizás más trascendente: el país puso a prueba parte de la infraestructura tecnológica con la que pretende responder a una emergencia real.
El Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 9-1-1 confirmó que durante el ejercicio fueron probadas dos capacidades que podrían cambiar significativamente la manera en que el Estado dominicano enfrenta una catástrofe: Cell Broadcast, para enviar alertas masivas directamente a los teléfonos celulares, y VAPRE-M2, una plataforma de drones autónomos diseñada para apoyar las primeras evaluaciones después de una emergencia.
La noticia tecnológica, sin embargo, tiene dos caras.
Medios especializados reportaron que la alerta enviada mediante Cell Broadcast logró alcanzar más del 50 % de la población, mientras que la infraestructura actualmente desplegada de VAPRE-M2 permitiría cubrir más del 85 % del Distrito Nacional.
Son cifras importantes para tecnologías que están comenzando a integrarse al sistema dominicano de respuesta a emergencias.
Pero también plantean una pregunta inevitable:
¿Qué ocurrió con los teléfonos que no recibieron la alerta?
Ese detalle no debería considerarse simplemente una falla secundaria del simulacro. Podría ser, precisamente, uno de sus resultados más importantes.
Un simulacro existe para descubrir problemas antes de que llegue una emergencia verdadera. Si una parte considerable de los dispositivos no recibió el mensaje, entonces el ejercicio acaba de revelar dónde debe concentrarse la próxima etapa de trabajo.
Hay que determinar si las diferencias estuvieron relacionadas con modelos de teléfonos, versiones de sistemas operativos, configuraciones del dispositivo, operadores móviles, cobertura de las redes o aspectos todavía pendientes de la implementación nacional de Cell Broadcast.
Porque durante un terremoto real, un huracán, un tsunami u otra emergencia de gran magnitud, una alerta que llega segundos antes puede convertirse en información decisiva para millones de personas.
Ahí está la verdadera importancia de Cell Broadcast.
A diferencia de un mensaje SMS convencional, esta tecnología permite transmitir advertencias simultáneamente a grandes cantidades de teléfonos conectados a determinadas celdas de telecomunicaciones. No necesita que el Gobierno conozca previamente el número de cada ciudadano ni depende de enviar millones de mensajes individuales uno por uno.
La infraestructura celular se transforma, en esencia, en una enorme red de alerta pública.
DRONES QUE PUEDEN LLEGAR ANTES QUE LOS RESCATISTAS
La segunda historia ocurrió sobre nuestras cabezas.
VAPRE-M2 introduce otra dimensión de la respuesta tecnológica: drones autónomos capaces de desplazarse hacia determinadas zonas para proporcionar información temprana sobre lo que está ocurriendo.
Después de un gran terremoto, uno de los problemas más graves para las autoridades es precisamente la falta de información.
¿Qué edificios colapsaron?
¿Qué carreteras están bloqueadas?
¿Dónde existen incendios?
¿Qué comunidades quedaron incomunicadas?
¿Dónde deberían enviarse primero ambulancias, bomberos, policías y equipos de rescate?
Durante los primeros minutos, responder esas preguntas puede ser extraordinariamente difícil.
Una red de drones distribuida estratégicamente podría convertirse en los ojos iniciales de los centros de emergencia, proporcionando imágenes y datos antes de que los equipos humanos puedan llegar físicamente a cada lugar.
Si la infraestructura actual de VAPRE-M2 ya permite alcanzar más del 85 % del Distrito Nacional, el proyecto adquiere una dimensión que merece seguimiento.
La pregunta siguiente será hasta dónde puede crecer.
Santo Domingo es solamente una parte del territorio.
Santiago, Puerto Plata, San Cristóbal, La Vega, San Pedro de Macorís, La Romana y decenas de otras ciudades necesitarían eventualmente mecanismos similares si la intención es desarrollar una verdadera red nacional de respuesta tecnológica.
EL 50 % QUE RECIBIÓ LA ALERTA IMPORTA. EL RESTO TAMBIÉN.
Existe una tentación comprensible de presentar los simulacros únicamente resaltando lo que funcionó.
Pero las sociedades que realmente aprenden de estas pruebas hacen exactamente lo contrario: estudian con mayor atención aquello que no funcionó.
Que millones de personas puedan recibir simultáneamente una advertencia de emergencia representa un avance significativo.
Que otros ciudadanos no la hayan recibido representa una oportunidad igualmente importante para mejorar el sistema.
Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
El éxito de esta tecnología no debería medirse solamente preguntando cuántos teléfonos recibieron la primera prueba, sino observando qué porcentaje recibirá la segunda, la tercera y las siguientes.
Si hoy se alcanza algo más de la mitad de la población, el objetivo debería ser acercarse progresivamente a una cobertura casi universal entre los dispositivos compatibles.
UN SIMULACRO QUE TAMBIÉN PUSO A PRUEBA EL FUTURO
Durante décadas, la preparación ante desastres estuvo asociada principalmente con sirenas, radios, televisión, policías, bomberos y organismos de socorro.
Todos continúan siendo esenciales.
Pero una nueva capa comienza a colocarse sobre esa infraestructura: redes celulares, sensores, centros de datos, inteligencia artificial, plataformas geoespaciales y drones autónomos.
El simulacro del martes, por tanto, no solamente preguntó si los ciudadanos dominicanos sabemos cómo reaccionar ante un terremoto.
También comenzó a responder otra pregunta:
¿Está preparada nuestra infraestructura tecnológica para reaccionar con nosotros?
Todavía no completamente.
Y quizás esa sea precisamente la información más valiosa que dejó la prueba.
Porque el propósito de un simulacro nunca debería ser demostrar que todo funciona perfectamente.
Su verdadero propósito es encontrar las debilidades mientras todavía tenemos tiempo para corregirlas.
Y detrás de aquella alerta que apareció en algunos teléfonos —y que nunca apareció en otros— podría estar comenzando silenciosamente una de las transformaciones más importantes del sistema dominicano de emergencias.
La próxima gran historia no será que República Dominicana probó Cell Broadcast y drones autónomos.
Será comprobar si el país consigue convertir esas pruebas en una infraestructura nacional capaz de advertir, observar y responder cuando la emergencia deje de ser un simulacro.