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EN EL SECTOR LA FE, 133 PORCIONES DE PRESUNTAS DROGAS ABREN UNA PREGUNTA MAYOR SOBRE EL MICROTRÁFICO EN ESPERANZA
“La juventud necesita modelos, no críticos.” — John Wooden
ESPERANZA, VALVERDE. — La noticia podría resumirse en unas pocas líneas policiales: un operativo, un joven detenido y 133 porciones de presuntas sustancias narcóticas ocupadas en el sector La Fe.
Pero detrás de esas cifras hay una pregunta más incómoda para Esperanza: ¿qué tan profundamente ha penetrado el microtráfico en los barrios del municipio y qué estamos haciendo para evitar que más jóvenes terminen alrededor de esos puntos de venta?
De acuerdo con el informe policial, durante el operativo fue detenido un joven de 19 años. Las autoridades reportaron la ocupación de 78 porciones de una sustancia que presumen es marihuana, 54 de presunto crack y una de presunta cocaína, con un peso aproximado conjunto de 141.7 gramos.
También fueron ocupados RD$10,750 en efectivo, una balanza digital y un teléfono celular.
Las sustancias serían remitidas a la Dirección Nacional de Control de Drogas, DNCD, para los procedimientos correspondientes.
Hasta que los análisis oficiales determinen su composición y un tribunal establezca responsabilidades, tanto la naturaleza de las sustancias como cualquier imputación contra el detenido deben tratarse dentro del marco de la presunción de inocencia.
Pero el caso deja sobre la mesa una realidad que merece una conversación mucho más amplia.
MÁS QUE UN ARRESTO
En las noticias policiales sobre drogas existe una rutina conocida.
Se informa la cantidad ocupada.
Se fotografía la evidencia.
Se identifica al detenido.
Se anuncia que el expediente será enviado a las autoridades competentes.
Y, pocos días después, la comunidad continúa su vida.
Lo que rara vez se explica es qué ocurre alrededor de esos puntos.
¿Quiénes compran?
¿Quiénes venden?
¿Quién controla el territorio?
¿A qué edad comienza un joven a acercarse a ese ambiente?
¿Y qué alternativas existen en el barrio antes de que el microtráfico se convierta en una oportunidad económica más atractiva que estudiar o trabajar?
La respuesta a esas preguntas no puede encontrarse únicamente dentro de una funda con presuntas sustancias ocupadas por la Policía.
Está también en las escuelas.
En los hogares.
En los clubes deportivos.
En las iglesias.
En las oportunidades de empleo.
Y en la capacidad de una comunidad para detectar el problema antes de que llegue una patrulla.
EL MICROTRÁFICO VIVE CERCA
Las grandes operaciones de narcotráfico suelen parecer lejanas.
Hablan de toneladas.
Puertos.
Avionetas.
Lanchas rápidas.
Redes internacionales.
El microtráfico funciona de otra manera.
Vive en una esquina.
En una vivienda.
En un callejón.
A pocos metros de una escuela o de un colmado.
Y precisamente por eso su impacto puede ser más visible para una comunidad.
No necesita mover toneladas para transformar un barrio.
Le basta con crear un punto donde circulen sustancias, dinero rápido y jóvenes vulnerables.
Cuando eso ocurre, el problema deja de ser exclusivamente policial.
Se convierte también en un problema de convivencia.
UN JOVEN DE 19 AÑOS
La edad del detenido debería obligarnos a detenernos un momento.
Diecinueve años.
A esa edad muchos jóvenes apenas están terminando el bachillerato, entrando a una universidad, aprendiendo un oficio o consiguiendo su primer empleo.
Cuando una persona de esa edad aparece dentro de una investigación relacionada con presuntas drogas, existen al menos dos preguntas diferentes.
La primera corresponde a la Justicia:
¿cometió un delito?
La segunda corresponde a toda la sociedad:
¿cómo llega un joven hasta ahí?
Una pregunta no sustituye a la otra.
Si existen evidencias suficientes, corresponde a las autoridades investigar y a los tribunales decidir.
Pero castigar a quien comete un delito no explica por qué otros jóvenes pueden estar recorriendo exactamente el mismo camino.
LA PREVENCIÓN QUE NO SALE EN LAS FOTOGRAFÍAS
Una patrulla puede desmantelar un punto.
Puede ocupar sustancias.
Puede detener a una persona.
Pero ninguna patrulla puede sustituir por sí sola lo que necesita una comunidad para reducir el problema a largo plazo.
La prevención es menos espectacular.
No produce fotografías de paquetes sobre una mesa.
Produce otra clase de resultados.
Un muchacho que encuentra trabajo.
Una joven que permanece en la escuela.
Un club deportivo abierto por las tardes.
Un programa técnico que conduce a un empleo.
Un orientador escolar capaz de identificar a tiempo una situación de riesgo.
Una familia que recibe ayuda antes de perder el control sobre uno de sus hijos.
Es mucho más difícil medir esos resultados.
Pero probablemente sean más importantes.
¿QUÉ SABEMOS REALMENTE SOBRE ESPERANZA?
Un operativo individual no permite afirmar que todo un municipio esté atravesando una crisis de microtráfico.
Sería irresponsable hacerlo.
Pero tampoco debería analizarse como un episodio aislado sin preguntar por el contexto.
¿Cuántos operativos relacionados con drogas se han realizado en Esperanza durante el último año?
¿En cuáles sectores?
¿Cuántas personas detenidas eran menores de 25 años?
¿Cuántas llegaron finalmente a una condena?
¿Cuántos puntos fueron intervenidos más de una vez?
¿Y cuáles programas de prevención operan actualmente en esos mismos barrios?
Esos son datos que podrían ayudar a transformar una sucesión de partes policiales en un diagnóstico real.
Sin ellos, la comunidad solo observa fragmentos.
LA FE, DESPUÉS DEL OPERATIVO
El sector La Fe continuará allí después de que termine este proceso.
Continuarán las familias.
Los niños.
Los pequeños negocios.
Los estudiantes.
Las personas que salen temprano a trabajar.
Y los jóvenes que todavía están decidiendo qué harán con sus vidas.
Esa es quizá la parte más importante de esta historia.
Porque un operativo policial puede retirar 133 porciones de presuntas drogas de circulación.
Pero si mañana otro joven ocupa el mismo lugar, la comunidad habrá cambiado muy poco.
Esperanza necesita que la Policía investigue y actúe cuando existan indicios de delito.
Pero también necesita saber qué sucede antes de que aparezcan las drogas, antes del arresto y antes de que el nombre de otro joven termine escrito en una nota policial.
La verdadera medida del éxito no será solamente cuántas porciones fueron decomisadas.
Será cuántos jóvenes de Esperanza nunca lleguen a venderlas.