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ESPERANZA NO LE QUITA NADA A MAO; LE DA PRESTIGIO A TODA VALVERDE

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“El deporte tiene el poder de cambiar el mundo. Tiene el poder de inspirar. Tiene el poder de unir a la gente como pocas cosas lo hacen.” — Nelson Mandela

Las recientes declaraciones del comunicador Eduar Peña sobre la celebración de la apertura y clausura de los Juegos Barranquiteños en el municipio de Esperanza han abierto un debate que va mucho más allá del deporte. En el fondo, la discusión no trata de una ceremonia, una antorcha o un protocolo. Trata de cómo algunos todavía ven la provincia Valverde.

Durante décadas, muchos han asumido que todo lo importante debe ocurrir exclusivamente en Mao por ser el municipio cabecera. Sin embargo, los tiempos cambian. Las provincias modernas crecen cuando distribuyen oportunidades, reconocimientos y responsabilidades entre todos sus municipios.

Esperanza no está arrebatándole nada a nadie.

Esperanza es parte fundamental de Valverde.

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Esperanza aporta atletas, estudiantes, profesionales, empresarios, trabajadores y ciudadanos que también construyen el presente y el futuro de esta provincia.

Resulta sorprendente que un evento concebido para unir a la juventud, fomentar la convivencia y fortalecer el espíritu deportivo termine siendo visto por algunos como una pérdida para Mao. Los Juegos Barranquiteños no son propiedad de un municipio. Son patrimonio de toda una provincia.

La grandeza de una comunidad no se mide por cuántas actividades monopoliza, sino por su capacidad de compartir espacios, celebrar los logros de los demás y comprender que el progreso colectivo beneficia a todos.

Cuando Esperanza recibe la apertura y clausura de estos juegos, no gana solamente Esperanza.

Gana Valverde.

Gana el deporte.

Ganan nuestros jóvenes.

Gana la integración provincial.

Mao seguirá siendo el municipio cabecera. Nadie discute su importancia histórica, institucional y administrativa. Pero reconocer el valor de Esperanza no disminuye a Mao. Al contrario, engrandece a toda la provincia.

La rivalidad política o municipal jamás debe estar por encima de la formación de nuestros atletas y de la unión de nuestros pueblos.

Hoy, el pueblo de Esperanza tiene razones para sentirse orgulloso. No porque haya vencido a nadie. No porque le haya quitado algo a otro municipio. Sino porque ha sido considerado digno de albergar uno de los eventos deportivos más importantes de la provincia.

Ese honor debe celebrarse con humildad, respeto y agradecimiento.

Y a nuestros hermanos maeños les recordamos algo esencial:

Valverde no es Mao.

Valverde no es Esperanza.

Valverde no es Laguna Salada.

Valverde somos todos.

Y cuando el deporte habla, las diferencias deben guardar silencio.

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