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FALLECE ALTAGRACIA CEPÍN ALFONSO, PILAR DE ASESA Y EJEMPLO DE ENTREGA A SU PUEBLO

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“La huella de una persona no se mide por los años que vive, sino por las vidas que toca y el amor que deja sembrado en el corazón de los demás.”

La comunidad de Esperanza, tanto dentro como fuera de la República Dominicana, despide con profundo pesar a una de sus más apreciadas hijas: Altagracia Cepín Alfonso, una mujer cuya vida estuvo marcada por la solidaridad, la generosidad y un compromiso inquebrantable con el bienestar de su gente.

La noticia de su fallecimiento ha provocado una profunda tristeza entre los miembros de la Asociación de Esperanceños Ausentes (ASESA), organización de la que fue una de sus colaboradoras más activas y queridas. Para muchos, Altagracia no solo fue una integrante de la institución; fue una presencia constante, una mano amiga y una fuerza silenciosa que ayudó a convertir innumerables proyectos en realidad.

Durante años, su hogar se transformó en un auténtico centro de operaciones para la comunidad esperanceña radicada en Nueva York. Allí se planificaron actividades benéficas, jornadas comunitarias y programas de ayuda dirigidos a las familias más necesitadas del municipio de Esperanza. Desde la organización de entregas de útiles escolares hasta el apoyo a jornadas médicas y actividades de integración comunitaria, su disposición para servir nunca conoció límites.

Quienes compartieron con ella la describen como una de las mujeres más dulces, tiernas y agradables que podían encontrarse. Poseía una sensibilidad especial hacia las necesidades de los demás y una preocupación genuina tanto por su familia como por su pueblo natal. Su sonrisa transmitía confianza, mientras que su trato amable convertía a cualquier persona en un amigo.

ASESA recordó que Altagracia estuvo presente en prácticamente todas las iniciativas impulsadas por la organización. Participó en la coordinación de viajes recreativos, actividades culturales, encuentros familiares y tradicionales verbenas celebradas en parques de Nueva York, siempre con el mismo entusiasmo y espíritu de colaboración que la caracterizaban.

Sin embargo, quienes hoy lloran su partida coinciden en que su legado trasciende las actividades y los eventos. Su verdadera herencia fue su ejemplo de servicio, su capacidad para unir personas y su firme convicción de que incluso en los momentos más difíciles era necesario seguir adelante con fe, esperanza y amor por la comunidad.

La partida de Altagracia Cepín deja un vacío imposible de llenar para sus familiares, amigos y compañeros de ASESA. Pero también deja una enseñanza perdurable: que una vida dedicada al bien común puede continuar inspirando mucho después de haber concluido.

Mientras la comunidad esperanceña se une en oración por su eterno descanso, permanece viva la promesa expresada por quienes compartieron su camino: continuar trabajando por Esperanza, honrando los valores que ella defendió y manteniendo encendida la llama de la solidaridad que ayudó a construir.

Hoy, Esperanza pierde a una de sus más nobles servidoras. Pero su recuerdo, su ejemplo y su amor por su gente seguirán acompañando a todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerla.

Descanse en paz, Altagracia Cepín Alfonso. Su legado permanecerá vivo en la memoria de su pueblo y en el corazón de quienes la amaron. 💚🙏🏻

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