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JICOMÉ, ¡DESPIERTA!
“La tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos.” — Proverbio ancestral
La imagen que hoy contemplamos no es solo un paisaje. Es la historia de un pueblo, el símbolo de una comunidad y una de las expresiones más hermosas del patrimonio natural que distingue a Jicomé. Detrás de cada loma, cada árbol y cada rincón de esta montaña existe una riqueza que no puede medirse únicamente en términos económicos, sino en el valor ambiental, cultural y humano que representa para las generaciones presentes y futuras.
Sin embargo, la preocupación crece entre los ciudadanos al observar cómo este entorno natural enfrenta transformaciones que amenazan su equilibrio. Lo que durante décadas ha sido parte del orgullo de la región corre el riesgo de deteriorarse mientras el tiempo avanza y las acciones para su preservación parecen insuficientes.

La protección de los recursos naturales no es una responsabilidad exclusiva de una institución. Es un compromiso compartido entre el Estado, las autoridades locales y la ciudadanía. Por ello, hacemos un llamado respetuoso pero urgente al señor Presidente de la República, al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, a las autoridades municipales y a cada habitante de Jicomé para que unan esfuerzos en favor de la conservación de esta importante área.
La naturaleza no puede acudir a una oficina ni levantar una denuncia. No puede exigir justicia ni reclamar protección. Su única defensa somos nosotros.
La pregunta que debemos hacernos es sencilla, pero profunda: ¿permitiremos que desaparezca una de las mayores bellezas naturales que posee nuestra comunidad, o actuaremos a tiempo para preservarla?
Todavía estamos a tiempo de elegir el camino correcto. Todavía podemos garantizar que nuestros hijos y nietos contemplen estas montañas, respiren este aire y disfruten de este paisaje tal como nosotros lo hemos conocido.
Jicomé merece desarrollo, pero también merece conservación. Merece progreso, pero sin sacrificar su riqueza natural. Merece protección, respeto y un futuro verdaderamente verde.
Porque cuando una montaña desaparece, no solo perdemos tierra; perdemos memoria, identidad y parte de nuestra propia historia.
— Redacción Especial | Esperanza33