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LA DUDA QUE NO ADMITE SILENCIO EN ESPERANZA
“Cuando la ley se vuelve opaca, la verdad deja de ser una opción y se convierte en una obligación.”
En los pueblos pequeños, donde los nombres se repiten y las historias se cruzan generación tras generación, el silencio nunca es neutro. En Esperanza, ese silencio hoy pesa más que nunca.
El comunicador César Gutiérrez ha puesto sobre la mesa una pregunta que incomoda, pero que no puede ser esquivada: ¿es cierto o no que un hijo del alcalde Freddy Rodríguez estaría siendo favorecido con terrenos del Estado? No es una acusación lanzada al vacío, sino un llamado directo a la claridad, sustentado en documentos oficiales y en el principio básico que sostiene cualquier democracia funcional: la igualdad ante la ley.
En su mensaje, Gutiérrez apela a la figura de su primo, Roberto Gutiérrez, a quien describe como un hombre bravo y leal. Pero la lealtad advierte implícitamente no puede confundirse con ceguera. Defender a un alcalde no significa desacreditar sin pruebas a instituciones ni descalificar preguntas legítimas. Al contrario: si la defensa es justa, debe apoyarse en hechos verificables, no en desmentidos emocionales.
El comunicado del Registro de Títulos de Mao, que sirve de base a esta controversia, no habla de opiniones ni de rumores. Detalla procesos, plazos, requerimientos fiscales y posibles caducidades legales en torno a terrenos ubicados en el municipio de Esperanza. Allí se menciona a particulares, certificaciones de la DGII, resoluciones del Tribunal de Tierras y la advertencia clara de que, si no se subsanan irregularidades, los trámites caducan de pleno derecho.
En ese contexto, la pregunta de fondo no es política, sino ética:
¿Reciben todos los ciudadanos el mismo trato cuando se trata de bienes del Estado?
¿O el poder municipal, directa o indirectamente, inclina la balanza?
César Gutiérrez no exige condenas anticipadas. Exige algo más elemental y, paradójicamente, más difícil: una respuesta clara, documentada y pública. Si no existe ningún favoritismo, desmentirlo con pruebas fortalecería tanto al alcalde como a las instituciones. Si existe, el silencio solo profundiza la desconfianza.
En tiempos donde la fe en lo público se erosiona con facilidad, Esperanza enfrenta una prueba sencilla en apariencia, pero profunda en sus implicaciones. No se trata de apellidos, parentescos ni bandos políticos. Se trata de si la ley se aplica con el mismo rigor al ciudadano común que al círculo del poder.
Porque en democracia, cuando una duda razonable se formula con documentos en la mano, no responder ya es, en sí mismo, una respuesta.
