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LA LEY SUPREMA OLVIDADA

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 “Una patria sin ley es como un árbol arrancado: vuelve al polvo que la vio nacer.”   

El 6 de noviembre marca una fecha que debería resonar en cada hogar dominicano: el día en que, en 1844, fue promulgada la primera Constitución de la República Dominicana, un acto fundacional que forjó el marco legal de la joven nación. Pero, paradójicamente, esa “ley de leyes” parece hoy haberse diluido en la memoria colectiva… o peor aún: el país permite que se diluya.

En la ciudad de San Cristóbal, a unos treinta kilómetros de Santo Domingo, se reunieron los diputados constituyentes y decretaron libertad, separación de poderes, límites al dominio externo y protección del ciudadano. El 6 de noviembre de 1844 fue la piedra angular del orden republicano dominicano.

El valor intrínseco de la Constitución

La Constitución en su versión original y en las que la siguieron no es un simple documento archivado. Es el espacio jurídico donde se encuentran la soberanía nacional, los derechos de los ciudadanos, la estructura del poder público y la salvaguarda ante intervenciones externas e internas.

Desde el texto de 1844 se adoptó un sistema bicameral, inspirado en modelos estadounidenses y franceses. En ediciones más modernas, como la de 2010, la Constitución dominicana introdujo mecanismos de participación democrática, controles institucionales y una Corte Constitucional para garantizar el respeto a la ley.

Y el simple acto de conmemorar esta fecha antepone la idea de que existe un “piso firme” ciudadano al que todos debemos regresar para reclamar derechos, deberes y soberanía.

 Pero entonces… ¿por qué lo olvidamos?

Si la Constitución es nuestra salvaguarda tanto contra amenazas externas como internas corrupción, desvío de poder, invasiones ideológicas, falta de educación cívica, ¿por qué cada año parece que muchos dominicanos la pasan por alto?

1.  Desconocimiento ciudadano: El feriado del 6 de noviembre es una fecha oficial, pero muchas veces el acto reivindicativo se limita a un discurso o a un izado de bandera. Para gran parte de la población, la “Carta Magna” sigue siendo algo abstracto.

2.  Relajación institucional: Si las autoridades no hacen de este día una invitación real al compromiso no solo a la conmemoración el mensaje de “la ley suprema” se diluye.

3.  Soberanía en riesgo silencioso: Una Constitución que no se revisa, que no se vive, que no se reclama, se vuelve de papel mojado. Cuando no se protege la ley, se deja la patria vulnerable tanto a injerencias externas como a abusos internos.

Una llamada al despertar

Para ti, padre, hijo, profesional, emprendedor, ciudadano —para todos— hoy es una invitación a reconectar con la fuerza que reside en aquella primera Constitución. Porque:

No es solo un legado histórico: es una herramienta viva para tu empresa, para tu familia, para tu comunidad.

Recordar esta fecha significa también pedir, exigir, participar. Educar a tus hijos sobre que existe un contrato social que dice: “Tú tienes derechos, pero también la patria espera tu compromiso.”

Y como creativo, empresario o ciudadano, puedes reinventar ese valor: crear materiales, conversaciones o espacios que expliquen qué significa realmente la Constitución en nuestro tiempo.

Promover entre tus colaboradores no solo un descanso por feriado, sino una reflexión breve sobre qué significa vivir bajo el amparo del Estado de Derecho, que es lo que protege nuestras empresas, nuestros sueños y nuestras familias.

En definitiva

El 6 de noviembre no debe ser solo otro feriado. Debe ser un espejo. Un momento para que cada dominicano se pregunte:   ¿Conozco la ley que me protege? ¿La defiendo? ¿La hago respetar?   Porque una Constitución solo vale cuando se la respeta y cuando sus cuidadores somos todos.

Y si mañana alguien te pregunta “¿por qué celebramos la Constitución?”, ya tienes algo más que una fecha: tienes una historia de valor, de soberanía y de ciudadanos que construyeron la nación desde la ley. Te toca a ti hoy seguir ese legado.

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