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LA TRANSPARENCIA TAMBIÉN DEBE MIRAR HACIA ADENTRO

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“La luz del sol es el mejor desinfectante.” Louis D. Brandeis

Durante décadas, Nuria Piera ha construido una influyente carrera periodística investigando a funcionarios públicos, empresarios, iglesias, pastores, instituciones y otras figuras con poder económico o social. Su trabajo ha contribuido a colocar asuntos sensibles en el debate nacional y a recordar que, en una democracia, quienes administran recursos o ejercen influencia deben estar dispuestos a rendir cuentas.

Ese mismo principio, sin embargo, no puede funcionar en una sola dirección.

En los últimos días ha circulado una imagen que atribuye a Piera o a empresas vinculadas con ella contratos con distintas instituciones del Estado dominicano por un monto total superior a RD$77 millones. La gráfica, por sí sola, no demuestra irregularidades ni permite establecer con certeza quién recibió cada pago, bajo qué razón social, durante qué período o mediante cuáles procedimientos de contratación.

Precisamente por eso, antes de convertir una publicación viral en una sentencia, corresponde formular preguntas claras y exigir documentos verificables.

¿Son auténticos esos contratos? ¿Qué empresas o personas aparecen oficialmente como beneficiarias? ¿Cuándo fueron adjudicados? ¿Se realizaron mediante licitaciones, comparaciones de precios, contrataciones directas o procedimientos de excepción? ¿Cuáles servicios fueron prestados? ¿Qué resultados recibió el Estado dominicano a cambio de esos recursos?

Preguntar no equivale a condenar.

Si los contratos fueron obtenidos conforme a la ley, mediante procedimientos transparentes y con servicios comprobables, su explicación pública debería contribuir a despejar dudas, no a generar confrontaciones. Una relación contractual legítima con el Estado no constituye, por sí misma, una falta ética o un acto de corrupción. Los medios de comunicación y las empresas privadas pueden prestar servicios a instituciones públicas siempre que cumplan las normas, declaren posibles conflictos de interés y permitan verificar el trabajo realizado.

Pero también es cierto que quienes investigan permanentemente a otros tienen una responsabilidad especial frente a la ciudadanía. El periodismo de investigación obtiene buena parte de su autoridad moral de la independencia, la coherencia y la disposición a someterse a los mismos estándares que exige.

La transparencia no puede convertirse en una herramienta utilizada únicamente contra adversarios, instituciones religiosas, dirigentes políticos o empresarios cuestionados. Debe aplicarse también a periodistas, medios de comunicación, organizaciones civiles y a cualquier persona o empresa que reciba fondos públicos.

Esto no significa desconocer el trabajo profesional de Nuria Piera ni intentar desacreditar su trayectoria. Tampoco sería responsable afirmar que existe una irregularidad sin haber examinado contratos, órdenes de compra, facturas, informes de ejecución y registros oficiales.

Significa defender un principio democrático elemental: todo uso de los recursos del Estado debe poder explicarse.

La respuesta adecuada no debe ser el insulto, la persecución ni la celebración anticipada de una acusación. Debe ser la publicación de la documentación correspondiente: nombres de las empresas contratadas, montos efectivamente pagados, servicios entregados, procedimientos utilizados y resultados obtenidos.

La confianza pública no se sostiene solamente denunciando a los demás. También se construye respondiendo cuando las preguntas llegan a nuestra propia puerta.

Si la información difundida es incorrecta, debe ser desmentida con pruebas. Si es correcta y los contratos fueron legales, debe explicarse su naturaleza. Y si existiera alguna irregularidad, correspondería a las autoridades competentes investigarla con independencia y debido proceso.

En una democracia saludable, nadie debería estar por encima del escrutinio público. Ni los funcionarios. Ni los empresarios. Ni las iglesias. Ni los periodistas.

La transparencia, para ser verdadera, tiene que ser para todos, sin privilegios, silencios selectivos ni excepciones.

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