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LOS CAYUCOS ENTRE BASURA Y SILENCIO OFICIAL

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“La basura no solo ensucia las calles: revela el descuido de quienes prometieron cuidarlas.”

Por dos semanas completas, el sector Los Cayucos ha vivido rodeado de desperdicios. No se trata de un día de retraso ni de una falla aislada: son catorce días sin que el camión recolector pase a cumplir con su labor más básica. El resultado está a la vista: fundas amontonadas, tanques desbordados, sacos reutilizados como depósitos improvisados y aceras convertidas en vertederos temporales.

Las imágenes hablan con más fuerza que cualquier discurso. En ellas se observan esquinas donde la basura ya no cabe en los tanques; se derrama, se mezcla con el polvo de la calle, con el agua estancada, con animales que rompen las fundas buscando restos de comida. Hay casas que, aun pagando su servicio, se ven obligadas a colocar los desechos frente a portones, postes de luz o cercas improvisadas, esperando un camión que no llega.

No es solo un problema de estética. La acumulación de desechos sólidos es una amenaza directa a la salud pública: moscas, ratas, malos olores, riesgo de infecciones y contaminación de los alrededores. En un barrio donde viven niños, adultos mayores y familias completas, la basura se convierte en un enemigo silencioso.

La pregunta es simple y necesaria:
¿Dónde está el departamento de limpieza del ayuntamiento municipal de Esperanza?
¿Quién supervisa las rutas?
¿Quién responde cuando pasan días y ahora semanas sin servicio?

Los Cayucos no está pidiendo lujos. Está pidiendo lo mínimo: que se recoja la basura como corresponde. Que el servicio que se cobra, se cumpla. Que las autoridades salgan del escritorio y miren lo que hoy muestran estas fotos: una comunidad abandonada a su suerte.

La limpieza no es un favor. Es una obligación.
Y cuando la basura se queda dos semanas en la calle, lo que realmente se acumula es la indignación de un pueblo que merece respeto.

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