Actualidad
MARCHAN EN NAVARRETE POR BRIANNA GENAO Y OTROS NIÑOS DESAPARECIDOS
“Cuando un niño falta, no es solo una familia la que sufre: es toda una comunidad la que queda incompleta.”
Navarrete amaneció este domingo 18 de enero con un silencio distinto: no era ausencia, era espera. Desde tempranas horas, familiares, amigos y residentes del sector Barrero comenzaron a reunirse vestidos de rosado, cargando pancartas, globos y fotografías. Marchaban por Brianna Genao, pero también por todos los niños que no han regresado a casa.
La caminata avanzó por la carretera principal bajo un sol firme, acompañada por agentes de seguridad y personal de apoyo comunitario. Al frente, mujeres jóvenes sostenían un gran cartel que preguntaba con letras claras y dolorosas: “¿Dónde está Brianna?” A su lado, otro mensaje repetía lo que muchos sienten pero pocos saben cómo decir: “Su familia la espera. El pueblo exige respuestas.”
Las camisetas rosadas, algunas con el rostro impreso de la niña, no eran solo un símbolo: eran una forma de decir “no la olvidamos”. Varias personas cargaban carteles hechos a mano con huellas pintadas en amarillo y verde, representando las pisadas que los niños deberían estar dando hoy, en la escuela, en el patio, en su casa.
Durante el recorrido, no hubo consignas violentas ni gritos de rabia. Predominó el murmullo del dolor contenido, los pasos lentos, las miradas firmes. Algunos llevaban sombrillas para protegerse del sol; otros, botellas de agua compartidas entre desconocidos que, por ese día, se sentían familia.
Una madre, caminando con una foto pegada al pecho, resumía el espíritu de la marcha:
“Marchamos porque callar sería aceptar que esto es normal. Y no lo es.”
La manifestación no solo exigía respuestas por Brianna Genao, sino que levantaba la voz por otros niños desaparecidos cuyos nombres, con el tiempo, han ido quedando en silencio. Los organizadores insistieron en que la marcha no era contra nadie en particular, sino a favor de la verdad, de la acción y de la protección real de la niñez.
Al final del trayecto, muchos se tomaron de las manos. Otros alzaron sus carteles una vez más. Nadie se fue con respuestas, pero todos se fueron con la misma promesa: seguir preguntando.
Porque mientras falte Brianna y mientras falte cualquier niño Navarrete no estará completo. Y el país entero tendrá una deuda pendiente con su infancia.