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MOLINA INVOCA LA BIBLIA COMO BRÚJULA MORAL ANTE LAS DECISIONES DEL PODER
“Toda elección revela a quién obedecemos, incluso cuando creemos decidir solos.”
SANTO DOMINGO.: En un país donde la fe y la vida pública han caminado durante décadas por senderos paralelos, el pastor Ezequiel Molina volvió a colocar la religión en el centro del debate nacional. Desde la tarima del multitudinario evento La Batalla de la Fe, su mensaje fue directo, sin matices: antes de tomar decisiones “importantes”, los líderes familiares, institucionales o nacionales deben consultar la Biblia.
“Cada vez que un padre de familia, un director departamental, un jefe de cualquier cosa, y más de un país, va a tomar una decisión importante, debería consultar con el manual”, dijo Molina, refiriéndose a las Escrituras como guía última. La pregunta, insistió, no es técnica ni política, sino espiritual: “¿Me estoy apartando o acercando a la voluntad de Dios?”
Para el veterano líder evangélico, el ser humano no actúa en un vacío moral. “El hombre no se gobierna”, afirmó, al sostener que existen fuerzas superiores que influyen sobre cada elección. Su planteamiento quedó condensado en una frase que resonó con fuerza entre los asistentes: “Hay dos autoridades espirituales de las cuales no podemos escapar: o le sirves a Dios o le sirves al diablo”.
El mensaje, que apela a una visión binaria del bien y el mal, fue recibido con aplausos por miles de fieles reunidos en el Centro Olímpico, pero también reavivó viejas tensiones sobre los límites entre convicción religiosa y pluralismo democrático en la República Dominicana.
En una segunda parte de su intervención, Molina abordó un tema aún más sensible: la presencia del islam en el país. El pastor sostuvo que la República Dominicana “no debe permitir” la instalación de mezquitas islámicas, argumentando que se trata de una medida para “preservar” la seguridad ciudadana. “Estamos llamados a velar por nuestra seguridad y no dejarnos engañar por ideologías ocultas que envuelven terror y muerte”, expresó, en un discurso que mezcló advertencia religiosa y preocupación geopolítica.
Sus palabras, pronunciadas en un tono de alarma, tocaron fibras profundas en una sociedad mayoritariamente cristiana, pero también plantearon interrogantes sobre tolerancia religiosa, derechos fundamentales y el papel de la fe en la formulación de políticas públicas.
Como ocurre cada año con La Batalla de la Fe, el sermón de Molina trascendió el ámbito estrictamente religioso. Más que una prédica, fue una declaración de principios que vuelve a colocar a la Biblia, según su visión, no solo como texto sagrado, sino como manual de gobierno personal y colectivo. En ese cruce entre fe, poder y nación, el debate inevitable queda abierto.