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N MAO, MÁS DE UN KILO DE PRESUNTAS DROGAS REAVIVA LAS PREGUNTAS SOBRE EL MICROTRÁFICO EN VALVERDE
Evidencias ocupadas durante el operativo realizado en el sector Pueblo Nuevo, en Mao, provincia Valverde. Las sustancias serán remitidas al INACIF para los análisis correspondientes. Foto: fuente policial / Diario Noticias.
“Una onza de prevención vale una libra de cura.” — Benjamin Franklin
MAO, VALVERDE. — Una persona huyó. Una funda quedó abandonada. Dentro, según el informe de la Policía Nacional, había suficiente material para abrir nuevamente una discusión que en las últimas semanas ha aparecido repetidamente en diferentes comunidades de Valverde: el microtráfico y su presencia en los barrios de la provincia.
La Dirección Regional Noroeste de la Policía Nacional informó sobre la ocupación de 960.5 gramos de un vegetal presumiblemente marihuana y 101.3 gramos de un material rocoso presumiblemente crack, durante una intervención realizada en varias pensiones del sector Pueblo Nuevo, en Mao.
Además, las autoridades reportaron la ocupación de RD$3,015 en efectivo y una cámara de vigilancia.
Pero la historia no termina en las cantidades ocupadas.
El procedimiento ocurre después de varias intervenciones policiales contra presuntos puntos de microtráfico en diferentes lugares de Valverde, incluyendo Esperanza, y pocos días después de que representantes de decenas de organizaciones comunitarias de Mao plantearan ante las autoridades preocupaciones relacionadas, entre otros asuntos, con la presunta venta de drogas en sus sectores.
Eso no demuestra, por sí solo, que el microtráfico esté aumentando en la provincia.
Sí plantea una pregunta que merece ser examinada más allá de cada decomiso individual:
¿Qué tan extendido está realmente el problema y qué ocurre después de que termina cada operativo?
UNA INTERVENCIÓN EN PUEBLO NUEVO
El procedimiento fue realizado por miembros de la Dirección Regional Noroeste de la Policía Nacional, acompañados por el magistrado de Niños, Niñas y Adolescentes Ernesto Alcántara Abreu, durante una diligencia judicial desarrollada en las proximidades del Colmado Yampol, en el sector Pueblo Nuevo.
De acuerdo con el informe preliminar de las autoridades, una persona habría emprendido la huida al advertir la presencia policial.
La Policía sostiene que esa persona dejó abandonada una funda que contenía el material vegetal y 201 unidades de un material rocoso presumiblemente crack. El reporte establece que el material rocoso alcanzó un peso de 101.3 gramos.
La identidad de la persona que supuestamente huyó no fue especificada en la información disponible.
Tampoco corresponde todavía presentar las sustancias como drogas confirmadas.
Las autoridades informaron que serán remitidas al Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) para determinar mediante análisis científicos su composición. Hasta que ese proceso concluya, deben ser descritas como sustancias presuntas o presumiblemente narcóticas.
Es una distinción pequeña en las palabras, pero fundamental en el periodismo y en el debido proceso.
DÍAS ANTES, LAS COMUNIDADES YA HABÍAN HABLADO
El operativo adquiere otro significado cuando se observa lo sucedido apenas unos días antes.
El 15 de septiembre, el director de la Dirección Regional Noroeste de la Policía Nacional, general Ramón S. Azcona Reyes, sostuvo un encuentro en Mao con representantes comunitarios para escuchar sus preocupaciones sobre seguridad ciudadana.
Participaron representantes de 47 organizaciones comunitarias, de acuerdo con el reporte publicado sobre la reunión.
Entre los problemas planteados se encontraban los robos, la necesidad de mayor patrullaje preventivo y la presunta venta de drogas en determinados sectores.
La proximidad temporal entre aquella reunión y este operativo no permite concluir que una cosa provocó directamente la otra.
Pero sí coloca sobre la mesa algo que las estadísticas de decomisos no siempre muestran: la percepción de quienes viven diariamente en los barrios.
Un punto de drogas no es únicamente una cantidad de sustancias encima de una mesa policial.
Puede convertirse en un lugar alrededor del cual aparecen motocicletas, movimientos constantes, jóvenes entrando y saliendo, conflictos entre grupos, temor de los vecinos y, en algunos casos, otros delitos.
Determinar si eso está ocurriendo de forma sistemática en Mao requiere información mucho más amplia que un solo operativo.
ESPERANZA YA HABÍA ENCENDIDO OTRA ALERTA
A pocos kilómetros de Mao, Esperanza ha vivido recientemente intervenciones similares.
El 11 de septiembre, agentes de DICRIM y de la Policía Preventiva realizaron un operativo en el sector La Fe, donde fue detenido un joven de 19 años.
De acuerdo con el reporte policial, fueron ocupadas 133 porciones de presuntas sustancias narcóticas: 78 de presunta marihuana, 54 de presunto crack y una de presunta cocaína, con un peso conjunto aproximado reportado de 141.7 gramos.
También fueron ocupados una balanza digital, un teléfono celular y RD$10,750 en efectivo.
No había sido el único procedimiento reciente en Esperanza.
El 26 de agosto, la Dirección Regional Noroeste reportó otros operativos focalizados en los sectores Buenos Aires, El Nueve y La Fe, donde las autoridades dijeron haber ocupado 109 porciones de presuntas sustancias controladas, incluyendo materiales que presumieron cocaína, marihuana y crack.
Tres días antes, el 23 de agosto, la propia Policía Nacional había informado sobre otra intervención en Esperanza en la que fueron ocupadas presuntas sustancias narcóticas, municiones, dinero y motocicletas.
En aquel procedimiento se reportaron 69 municiones calibre 9 milímetros, además de RD$21,975, US$40 y 500 gourdes haitianos.
Cada caso es jurídicamente independiente.
No existe, con la información pública revisada, evidencia suficiente para afirmar que estén conectados entre sí.
Pero la repetición de intervenciones en un período relativamente corto merece algo más que titulares separados.
Merece datos.
LOS OPERATIVOS CUENTAN UNA PARTE DE LA HISTORIA
El número de decomisos puede decir cuántas sustancias fueron ocupadas.
No necesariamente dice cuánto microtráfico existe.
Más operativos pueden producir más decomisos incluso sin que haya aumentado la cantidad de drogas circulando.
Del mismo modo, pocos decomisos no significan necesariamente que exista poco microtráfico.
Para comprender realmente el problema en Valverde habría que conocer, entre otros datos:
cuántos puntos de venta han identificado las autoridades;
cuántos han sido intervenidos;
cuántas personas han sido procesadas;
cuántos casos terminaron judicializados;
cuántos reincidentes aparecen;
qué sectores concentran las intervenciones;
y cómo han cambiado esas cifras durante los últimos años.
Sin esas estadísticas sería irresponsable declarar que Valverde vive una “epidemia” o que el problema está creciendo.
Pero sería igualmente irresponsable ignorar la frecuencia con que el tema aparece en los reportes policiales y en las preocupaciones expresadas por las comunidades.
LA PREGUNTA MÁS DIFÍCIL: ¿QUÉ PASA CON LOS JÓVENES?
Hay además una dimensión que rara vez aparece en las fotografías de los decomisos.
La edad.
En el procedimiento del 11 de septiembre en La Fe, Esperanza, el detenido tenía 19 años.
Y ahí la discusión deja de ser exclusivamente policial.
Cuando un joven termina vinculado —presuntamente y sujeto al debido proceso— a un punto de drogas, la pregunta no debe limitarse a cuánto había dentro de una mochila.
También debe preguntarse qué ocurrió antes de que llegara hasta allí.
¿Abandonó la escuela?
¿Tenía empleo?
¿Existían programas deportivos?
¿Había oportunidades de capacitación?
¿El barrio dispone de espacios culturales?
¿Las instituciones identifican a los jóvenes en riesgo antes de que aparezcan en un expediente policial?
La prevención no sustituye la persecución del delito.
Pero perseguir el delito sin prevenir el próximo caso puede convertirse en una carrera interminable.
DECOMISAR NO ES LO MISMO QUE RESOLVER
La intervención de Pueblo Nuevo produjo una cifra llamativa: más de un kilo de materiales que las autoridades consideran posiblemente narcóticos.
Ahora corresponde al INACIF determinar qué contienen realmente esas sustancias y a los investigadores establecer responsabilidades.
Pero para Mao, Esperanza y el resto de Valverde queda una conversación mucho más grande.
Una provincia no derrota el microtráfico únicamente recogiendo fundas abandonadas después de que alguien corre.
Lo enfrenta también identificando quién abastece los puntos, siguiendo el dinero, procesando correctamente los casos y reduciendo las condiciones que permiten que nuevos vendedores sustituyan a quienes fueron detenidos.
Y necesita algo todavía más difícil de medir:
evitar que el próximo muchacho de 18 o 19 años termine entrando en ese circuito.
Los recientes procedimientos en Mao y Esperanza no permiten afirmar por sí solos que el microtráfico esté aumentando.
Pero sí justifican hacer una pregunta que Esperanza33 continuará siguiendo:
¿estamos viendo operativos aislados o las señales visibles de un problema provincial que todavía no hemos medido completamente?
La respuesta no debería depender de rumores.
Debería encontrarse en los datos.