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NAVARRETE VUELVE A LAS CALLES: APAGONES, FACTURAS ELÉCTRICAS Y VIEJAS DEMANDAS ALIMENTAN OTRO PARO

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“La paz no es la ausencia de conflicto; es la capacidad de manejar el conflicto por medios pacíficos.” — Ronald Reagan

VILLA BISONÓ, NAVARRETE. — En una de las principales puertas de entrada al Cibao, el martes comenzó de una manera distinta. Algunas aulas redujeron su actividad, parte del transporte encontró obstáculos en el camino y varios trabajadores tuvieron dificultades para llegar a sus empleos. En determinadas calles aparecieron neumáticos quemados y escombros. En otras, sin embargo, los negocios levantaron sus persianas y el tránsito continuó.

Navarrete vivió este 15 de septiembre una nueva jornada de protesta de 24 horas, convocada por organizaciones populares que colocaron otra vez en el centro del debate dos problemas que desde hace semanas generan reclamos en distintas comunidades dominicanas: los apagones y el costo de la factura eléctrica.

La convocatoria fue promovida por un sector del Frente Amplio de Lucha Popular (FALPO) y Colupona, cuyos dirigentes también reclaman la intervención del Ministerio de Medio Ambiente frente a denuncias relacionadas con extracción de materiales y contaminación.

Pero detrás de las barricadas y las consignas hay una historia más larga.

Esta no es la primera protesta reciente de Navarrete.

Y probablemente ese sea el dato más importante para entender lo que ocurre.

UNA PROTESTA QUE NO COMENZÓ ESTE MARTES

Hace poco más de un mes, Navarrete ya había experimentado jornadas de paralización promovidas por otros grupos populares.

En agosto, organizaciones comunitarias reclamaron el asfaltado y acondicionamiento de barrios, mejoras en el hospital municipal Lilian Fernández, nombramiento de médicos y enfermeras, soluciones al problema eléctrico, traslado del vertedero, obras de alcantarillado y saneamiento y la terminación de otras infraestructuras pendientes.

Aquella movilización llegó a un punto en que representantes del Gobierno Central asumieron el compromiso de comenzar varias de las obras reclamadas dentro de un plazo de 15 días, según informó Diario Libre el 12 de agosto. Los organizadores suspendieron entonces una extensión de la protesta, pero advirtieron que regresarían a las calles si no observaban avances.

La protesta de este martes no debe interpretarse automáticamente como una continuación organizada por exactamente los mismos grupos: las organizaciones convocantes reportadas ahora son distintas en parte de las identificadas durante las jornadas de agosto.

Pero el escenario revela algo difícil de ignorar: varias de las preocupaciones vuelven a repetirse.

Electricidad.

Servicios públicos.

Infraestructura.

Medio ambiente.

Y la percepción de comunidades que consideran que determinados problemas permanecen sin una respuesta suficiente.

EL CAMINO HACIA ESTANCIA DEL YAQUE QUEDÓ AFECTADO

Uno de los puntos de mayor impacto se produjo en la vía hacia Estancia del Yaque.

Durante varias horas, neumáticos incendiados y escombros colocados en la carretera dificultaron el tránsito, lo que afectó el desplazamiento de trabajadores que intentaban llegar a sus lugares de empleo.

Posteriormente, agentes policiales y militares retiraron los obstáculos y restablecieron la circulación.

La situación, sin embargo, no fue uniforme en todo el municipio.

En el centro de Navarrete, vehículos continuaron circulando con relativa normalidad y establecimientos comerciales permanecieron abiertos pese al llamado a paralización.

Ese contraste importa.

Una huelga puede paralizar por completo una localidad o puede producir efectos distintos dependiendo del sector. En este caso, los reportes disponibles describen una jornada con afectaciones reales en educación, transporte y comercio, pero no un cierre absoluto de todo Navarrete.

APAGONES Y FACTURAS: DOS RECLAMOS QUE NO SON NECESARIAMENTE LO MISMO

Los convocantes han vinculado una parte importante de la protesta a las largas interrupciones del servicio eléctrico y a lo que consideran facturas elevadas.

Pero existe una distinción importante.

Las tarifas residenciales oficiales correspondientes al trimestre julio-septiembre de 2026 se mantienen bajo la estructura tarifaria establecida por la Superintendencia de Electricidad y, según la información publicada sobre ese esquema, no registraron una variación respecto de los períodos anteriores señalados en la resolución vigente.

Eso no elimina las quejas de los consumidores.

Una factura puede aumentar aunque la tarifa oficial no haya cambiado si aumenta el consumo registrado, si un hogar pasa a otro tramo tarifario o si existe alguna controversia relacionada con la medición o facturación.

En el sistema residencial BTS-1 existe, además, un punto particularmente sensible: al superar determinados niveles de consumo cambia la manera en que se calcula el monto final.

Por eso, cuando una comunidad protesta por una “factura alta”, la pregunta periodística no debería terminar simplemente en cuánto pagó.

También debería preguntarse:

¿Cuánto consumió? ¿Cómo fue medido? ¿En qué tramo quedó? ¿Cuántas horas recibió electricidad? ¿Y existe correspondencia entre el servicio recibido y el consumo facturado?

Son preguntas diferentes.

Y necesitan respuestas diferentes.

EL COSTO DE VIVIR CON UN SERVICIO INESTABLE

Para una familia, un apagón no es simplemente una interrupción eléctrica.

Puede significar alimentos que corren riesgo dentro de una nevera, noches difíciles durante períodos de calor, pequeños negocios que dependen de refrigeradores, salones que utilizan equipos eléctricos o familias obligadas a recurrir a inversores, baterías, plantas y combustible.

Para el comercio, la electricidad se transforma directamente en costo operativo.

Para una escuela, en condiciones de aprendizaje.

Y para un municipio, las interrupciones prolongadas pueden convertirse rápidamente en un asunto de convivencia social.

Eso ayuda a explicar por qué el tema eléctrico aparece una y otra vez entre las demandas de organizaciones comunitarias de Navarrete.

No demuestra por sí solo que cada reclamación de facturación sea correcta.

Pero sí demuestra que el problema ha alcanzado suficiente importancia social como para convertirse repetidamente en motivo de protesta.

UN MUNICIPIO ESTRATÉGICO PARA EL CIBAO

Navarrete no es una comunidad aislada.

Su posición conecta importantes corredores entre Santiago y la Línea Noroeste. Por sus vías circulan diariamente trabajadores, comerciantes, estudiantes, pasajeros y mercancías con destino hacia municipios como Esperanza, Mao, Laguna Salada, Villa Vásquez, Montecristi y Dajabón.

Por eso, una alteración significativa del tránsito en Navarrete puede sentirse mucho más allá de sus límites municipales.

Para Esperanza y Valverde, lo que ocurre allí merece atención precisamente por esa conexión.

Miles de personas de la Línea Noroeste utilizan ese corredor para llegar a Santiago y regresar a sus comunidades.

Una protesta local puede convertirse rápidamente en un problema regional.

MÁS ALLÁ DE LOS NEUMÁTICOS QUEMADOS

Las imágenes de una protesta suelen concentrarse en el fuego, los escombros y los agentes desplegados.

Son las escenas más visibles.

Pero no necesariamente explican el problema completo.

Detrás de la jornada de este martes existen reclamos sobre electricidad, infraestructura, medio ambiente y servicios públicos que llevan meses apareciendo en las movilizaciones de Navarrete. Al mismo tiempo, hay comerciantes que decidieron trabajar, ciudadanos que necesitaban desplazarse y autoridades responsables de mantener abiertas las vías públicas.

Todos forman parte de la misma historia.

El desafío ahora no consiste simplemente en determinar quién logró paralizar una calle.

Consiste en saber qué ocurrirá cuando termine el paro.

En agosto hubo protestas.

Hubo diálogo.

Hubo compromisos.

En septiembre, las calles volvieron a convertirse en escenario de reclamos.

Y por eso la pregunta que queda para las autoridades y para las organizaciones comunitarias es más profunda que cualquier barricada:

¿qué mecanismos permitirán que Navarrete pase de protestar periódicamente por los mismos problemas a medir públicamente cuáles compromisos fueron asumidos, cuáles se cumplieron y cuáles continúan pendientes?

Porque una protesta puede durar 24 horas.

Un problema sin resolver puede durar años.

Redacción Esperanza33
15 de septiembre de 2026

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