Actualidad
OIGAN QUÉ JOYA: CUANDO UN PLAN CONFUNDE A ESPERANZA CON MAO
“La geografía no miente; los documentos sí, cuando se escriben sin rigor.”
Por años, el “Plan de Desarrollo Municipal de Esperanza” fue presentado como una obra seria, costosa y respaldada por técnicos “nacionales, extranjeros y locales de fuste”. Un documento que, según sus promotores, debía guiar el futuro del municipio. Pero al revisar sus páginas, lo que aparece no es una hoja de ruta hacia el desarrollo, sino un mapa torcido, lleno de errores que harían sonrojar a cualquier estudiante de primaria.
Según ese plan, Esperanza colinda al noroeste con San Felipe de Puerto Plata, “principal polo turístico por sus playas”, y al mismo tiempo “hacia el municipio de Mao”. Luego afirma que colinda también al noroeste con San Fernando, Guayubín, Castañuelas, Pepillo Salcedo (Manzanillo) y Villa Vásquez, destacando las exportaciones de banano y las playas como polos turísticos. Más adelante, dice que colinda al suroeste con Dajabón, y también con Monción y Sabaneta… pero no para describir a Esperanza, sino para hablar de cómo se relaciona Mao con esos municipios. Y como si fuera poco, vuelve a decir que colinda al noroeste con Santiago de los Caballeros, “con el cual el municipio de Mao se relaciona comercialmente”.
En otras palabras: un documento que supuestamente describe el entorno de Esperanza pasa páginas enteras hablando de Mao, mezclando territorios, repitiendo párrafos casi idénticos y ubicando municipios donde no corresponden. El resultado es una confusión tan grande que uno no sabe si está leyendo sobre Esperanza, Mao, Puerto Plata o un municipio imaginario creado por la improvisación.
Lo más grave no es solo el error geográfico. Es el desprecio al dinero público y a la inteligencia de la gente. Porque este plan no fue hecho en una libreta escolar: costó “to’ lo cuarto del mundo”, según dicen en la calle, y fue presentado como un trabajo técnico de alto nivel. Sin embargo, contiene fallas básicas que cualquier ciudadano, con un mapa en la mano, puede detectar en cinco minutos.
Un plan de desarrollo no es un adorno para una gaveta ni un documento para posar en fotos. Es una herramienta para decidir carreteras, servicios, inversiones, educación y futuro. Cuando se construye sobre datos falsos o copiados sin cuidado, lo que se planifica no es el desarrollo: es el fracaso.
Hoy, más que burlarnos del error, la pregunta es seria: ¿quién hizo ese plan?, ¿quién lo revisó?, ¿quién lo aprobó? Y, sobre todo, ¿cómo se pretende dirigir un municipio si ni siquiera se sabe con claridad dónde empieza y dónde termina?
Porque los pueblos pueden perdonar la pobreza, la lentitud y hasta los tropiezos.
Pero no perdonan que se les trate como si fueran analfabetas.