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PROTESTAN EN SOTO, LA VEGA, POR FINALIZACIÓN DE ESCUELA QUE ESPERAN HACE MÁS DE 10 AÑOS
“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.” (Nelson Mandela)
LA VEGA: La paciencia de la comunidad de Soto se agotó. Diez años de espera, promesas incumplidas y sueños en pausa llevaron este martes a decenas de moradores a encender una fogata frente a la estructura gris y silenciosa de lo que debía ser su escuela.
Entre llamas, pancartas y cánticos, una consigna unió las voces: “Soto dijo ya, la escuela es la que va.”
El centro educativo, cuya construcción se encuentra en un 90% de avance, permanece abandonado desde 2016. Las paredes sin terminar, el eco de los pasillos vacíos y la hierba creciendo entre los bloques son el recordatorio diario de una obra que debió haberse convertido en el corazón de la comunidad.
Padres, madres, maestros, jóvenes y líderes religiosos se sumaron a la manifestación. “Necesitamos que el gobierno reconozca nuestra necesidad. Los niños están recibiendo clases en un lugar lleno de grietas, poniendo en riesgo sus vidas. Tenemos una escuela casi terminada, y aún así seguimos esperando”, expresó con frustración el presidente de la Asociación de Padres, Madres y Amigos de la Escuela (APMAE).
La protesta fue pacífica, pero contundente. Las voces de la comunidad resonaron entre los muros inconclusos: “Si no resuelven, que se vayan.”
Según explicó Mario Acevedo, presidente de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) en La Vega, este no es un caso aislado. “Hay centros educativos paralizados desde hace más de una década: Nicanor Ramírez, Mélida Lora, Jeremías, Soto, Jamo Barranquita, Padre Lamarche… todos esperando ser terminados”, señaló.
Mientras tanto, los niños de Soto siguen estudiando en aulas agrietadas, con el miedo constante de que el techo ceda. “Tú vas y mueves una pared con un brazo”, advirtió Acevedo.
La comunidad no pide lujo, solo lo esencial: un espacio digno donde sus hijos puedan aprender sin miedo.
En Soto, el fuego que encendieron los manifestantes no solo alumbró una protesta, sino también la esperanza de un pueblo que se niega a rendirse.