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¿QUIÉN QUIERE MANDAR? | EL FRENESÍ POR LA PRESIDENCIA DEL PRM EN ESPERANZA

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“Cuando el poder parece eterno, las ambiciones dejan de ser aspiraciones y se convierten en estampida.”

En la política dominicana, donde la pasión muchas veces supera la prudencia, el municipio de Esperanza ofrece hoy una escena que oscila entre lo curioso y lo revelador: 18 aspirantes compiten por la presidencia municipal del Partido Revolucionario Moderno (PRM), en una carrera que más que estratégica parece, por momentos, desbordada.

La imagen captada y difundida por Wilson Abreu Ozoria resume el momento con precisión casi satírica: múltiples rostros, múltiples ambiciones, y una sola silla.

Según relata el propio Abreu, incluso fuera del lente quedaron otros aspirantes. En un episodio que roza lo anecdótico, al preguntarse en Santo Domingo por los representantes de Esperanza, once se pusieron de pie al mismo tiempo, provocando risas entre los presentes. No era una escena organizada: era un reflejo espontáneo del desorden interno.

Pero detrás de la risa hay una lectura más profunda.

En la capital, algunos dirigentes habrían dejado claro que no habrá primaria, sino consenso o votación interna. Esa simple frase parece haber encendido aún más la ansiedad. Porque cuando no hay reglas claras de competencia, lo que queda es la percepción… y la lucha.

Y es ahí donde surge la pregunta incómoda y necesaria:

¿Qué hay en la presidencia del PRM en Esperanza que tanta gente la quiere?

La respuesta, aunque no siempre se dice en voz alta, parece evidente: la creencia de que el poder llegó para quedarse.

Esa misma sensación casi de eternidad política ya se vivió en el pasado con el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). El resultado no fue estabilidad, sino fragmentación interna, luchas de egos y, finalmente, derrota electoral.

Hoy, el PRM parece caminar por una cuerda similar.

Porque cuando demasiados dirigentes creen que el poder es seguro, dejan de construir partido y comienzan a construir candidaturas personales. Y cuando todos quieren dirigir, pero pocos quieren ceder, el partido deja de ser estructura… y se convierte en escenario.

En Esperanza, la política no solo se está jugando: también se está exhibiendo.

Y mientras tanto, el pueblo observa entre carcajadas y preocupación cómo la ambición corre más rápido que la organización.

Al final, la historia política dominicana ha demostrado algo con contundencia:

No hay partido eterno. Pero sí hay errores que se repiten.

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