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VOLVIÓ LA LUZ AL PARQUE JUAN BOSCH, PERO ESPERANZA AÚN DEBE RESPONDER QUIÉN PROTEGE SUS ESPACIOS PÚBLICOS

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“La ciudad es una gran casa, y la casa es una pequeña ciudad.” — Leon Battista Alberti

ESPERANZA, Valverde. — Durante un tiempo, cuando caía la noche, una parte del parque Juan Bosch dejaba de cumplir una de las funciones más elementales de cualquier espacio público: ofrecer a los ciudadanos un lugar iluminado, visible y seguro donde permanecer.

El problema no comenzó con una avería eléctrica ni con el deterioro habitual de una instalación expuesta al paso de los años. El cableado que alimentaba parte de la iluminación del parque había sido sustraído, dejando áreas del espacio público a oscuras y obligando a las autoridades municipales a intervenir nuevamente.

La Alcaldía de Esperanza repuso el cableado eléctrico y, esta vez, optó por instalarlo de manera soterrada, una medida destinada a dificultar nuevos robos y reducir la vulnerabilidad de la infraestructura.

Las luces han vuelto.

Pero el episodio deja una pregunta que va más allá de encender unas cuantas lámparas:

¿Quién protege los espacios públicos de Esperanza después de que son construidos o rehabilitados?

UN PARQUE NO TERMINA CUANDO SE INAUGURA

En muchas comunidades dominicanas, buena parte de la atención pública suele concentrarse en la construcción y entrega de una obra. Hay fotografías, actos oficiales y anuncios.

Mucho menos visible resulta el trabajo que viene después: mantenimiento, vigilancia, reparación y conservación.

El caso del parque Juan Bosch expone precisamente esa segunda realidad.

Cuando una infraestructura pública pierde su iluminación como consecuencia del robo de cables eléctricos, el daño no afecta únicamente al presupuesto municipal.

También altera la vida cotidiana de quienes utilizan el lugar.

Una familia que evita permanecer en el parque después de cierta hora, un padre que decide no llevar a sus hijos, una persona que cambia su recorrido porque un área está oscura: todas son consecuencias que rara vez aparecen contabilizadas en el costo final de una reparación.

La iluminación pública funciona además como una herramienta básica de prevención. No elimina por sí sola la delincuencia, pero aumenta la visibilidad y permite que un espacio continúe siendo ocupado por la comunidad durante las horas nocturnas.

Un parque vacío y oscuro termina siendo algo diferente al lugar para el cual fue concebido.

LA SOLUCIÓN SOTERRADA

La decisión de colocar el nuevo cableado bajo tierra representa un intento de corregir no solamente el daño, sino también una de sus vulnerabilidades.

La medida podría reducir las posibilidades de que los cables sean nuevamente sustraídos con facilidad.

Sin embargo, también abre interrogantes que las autoridades deberían poder responder públicamente.

¿Cuánto costó reponer el sistema?

¿Cuándo ocurrió exactamente el robo?

¿Se ha identificado a alguna persona responsable?

¿Existen cámaras de seguridad en el parque o en sus alrededores?

¿Habrá vigilancia adicional?

¿Y qué otros espacios públicos de Esperanza presentan vulnerabilidades similares?

Son preguntas relevantes porque cada cable robado y posteriormente sustituido termina siendo pagado, directa o indirectamente, con recursos públicos.

EL COSTO QUE TERMINA PAGANDO LA COMUNIDAD

El robo de infraestructura pública suele parecer un delito contra una institución.

En realidad, es un daño contra los propios ciudadanos.

Si una alcaldía tiene que gastar nuevamente recursos para reponer una instalación que ya había sido pagada, ese dinero deja de estar disponible para reparar una calle, mejorar otro parque, recoger residuos, acondicionar una instalación deportiva o atender alguna otra necesidad comunitaria.

Por eso la reposición del cableado debería ser apenas la primera parte de la respuesta.

La segunda debe ser evitar que ocurra nuevamente.

Y la tercera, determinar responsabilidades cuando sea posible.

SEGURIDAD Y ESPACIO PÚBLICO

El parque Juan Bosch forma parte de una discusión más amplia que Esperanza necesita sostener sobre la manera en que se utilizan y protegen sus espacios comunes.

Los parques no son únicamente elementos ornamentales.

Son lugares de encuentro.

Allí juegan los niños, conversan los adultos, caminan los envejecientes y las familias encuentran uno de los pocos espacios gratuitos donde pueden compartir fuera de sus hogares.

Cuando esos lugares pierden iluminación, limpieza, vigilancia o mantenimiento, la ciudad también pierde parte de su vida comunitaria.

Por eso recuperar la electricidad constituye una buena noticia.

Pero conservarla será la verdadera prueba.

UNA OPORTUNIDAD PARA HACER ALGO DIFERENTE

La instalación soterrada podría convertirse en una oportunidad para que el Ayuntamiento examine la seguridad de otros parques, plazas e instalaciones municipales antes de que aparezca el próximo problema.

Esperar a que ocurra un robo para fortalecer una infraestructura suele resultar más costoso que prevenirlo.

También sería conveniente que la ciudadanía conozca qué mecanismos existen para reportar rápidamente luminarias dañadas, actos vandálicos o comportamientos que puedan poner en riesgo los bienes públicos.

La protección de una ciudad no corresponde exclusivamente a la Policía ni al Ayuntamiento.

También necesita ciudadanos que entiendan que aquello que está en una plaza, en un parque o en una calle no pertenece a “nadie”.

Pertenece a todos.

LAS LUCES VOLVIERON. AHORA HAY QUE MANTENERLAS ENCENDIDAS.

El parque Juan Bosch vuelve a estar iluminado después de la reposición de su cableado.

Es un avance concreto.

Pero para Esperanza, la historia no debería terminar cuando vuelve la electricidad.

Debería comenzar allí una conversación más seria sobre mantenimiento, vigilancia, responsabilidad ciudadana y protección del patrimonio público.

Porque desarrollar una ciudad no consiste solamente en construir obras.

También consiste en conservarlas.

Y quizás la verdadera medida del progreso de Esperanza no sea cuántos parques logra inaugurar, sino cuántos consigue mantener iluminados, seguros y vivos muchos años después de cortar la cinta.

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