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NO NACÍ AQUÍ, PERO LA SANGRE MÍA ES DOMINICANA: MANNY MACHADO Y EL ORGULLO DE REPRESENTAR UNA NACIÓN
“La patria no siempre se define por el lugar donde se nace, sino por la sangre que corre por las venas y el orgullo con que se defiende.”
En el corazón del béisbol dominicano, donde la pasión por el juego se confunde con identidad nacional, Manny Machado volvió a recordar que la pertenencia a una nación puede trascender el lugar de nacimiento.
El estelar tercera base de los San Diego Padres, llamado a ser una de las figuras centrales de la selección dominicana en el próximo Clásico Mundial de Béisbol, habló con serenidad y firmeza durante una rueda de prensa celebrada en el Estadio Quisqueya Juan Marichal. Allí dejó clara una convicción que ha repetido a lo largo de su carrera internacional.
“No nací aquí, pero la sangre mía es dominicana”, afirmó Machado ante los medios, subrayando el vínculo profundo que lo une con la tierra de sus raíces familiares.
Aunque nació en Estados Unidos, Machado ha insistido en que su identidad deportiva y cultural está estrechamente ligada a la República Dominicana. Representar al país, dijo, no es solo un honor personal, sino también una forma de honrar a su familia.
“Siempre me apoyaron y siempre quise jugar y representar a mi país, no solamente por mí, sino por mi familia también”, explicó.
Dentro del equipo dominicano, Machado también asumirá el rol de capitán, un título que, según él mismo aclara, tiene menos importancia que la conducta dentro del terreno de juego.
“Capitán es solo un título. Para mí es ser líder, como compañero, como jugador y dar mi cien por ciento”, expresó, enfatizando que el liderazgo se demuestra con acciones más que con palabras.
El ambiente en el Estadio Quisqueya, donde la selección dominicana se prepara para el torneo, refleja la expectativa que rodea a un equipo tradicionalmente considerado uno de los favoritos del Clásico Mundial de Béisbol. Para Machado, jugar en ese escenario tiene un significado especial.
“Jugar aquí, delante de la gente que siempre nos apoyan… algunos no han tenido la oportunidad de vernos, y aquí van a tener esa oportunidad”, señaló, en referencia a los fanáticos dominicanos que raramente pueden ver a sus estrellas de Grandes Ligas competir en casa.
Antes de su debut oficial en el torneo, el equipo dominicano disputará dos partidos de exhibición frente a los Tigres de Detroit en el Estadio Quisqueya. El primer compromiso oficial llegará el viernes a las 8:00 de la noche, cuando República Dominicana enfrente a Nicaragua en su estreno en el Clásico Mundial.
Mientras tanto, el roster del conjunto dominicano también registró un cambio de última hora. El gerente general del equipo, Nelson Cruz, confirmó durante la misma rueda de prensa que el jardinero Junior Lake ocupará la posición que dejó vacante Johan Rojas, quien fue retirado del roster por motivos personales.
Cruz explicó que Rojas abordará públicamente esos asuntos en los próximos días.
Con figuras como Machado liderando dentro del terreno y una afición expectante, la selección dominicana vuelve a presentarse ante el mundo con una mezcla de talento, historia y orgullo nacional.
Y en medio de ese escenario, la frase de Manny Machado resume el espíritu que muchos peloteros dominicanos en el extranjero comparten: el lugar de nacimiento puede variar, pero la identidad, a menudo, se hereda.
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DOS NUEVOS OROS Y MIL MEDALLAS: REPÚBLICA DOMINICANA AMPLÍA SU HISTORIA EN SANTO DOMINGO 2026
“El deporte tiene el poder de cambiar el mundo.” Nelson Mandela
SANTO DOMINGO.: Esmeralda Damiano Guerrero sostuvo la medalla frente a ella como quien contempla el resultado de un largo viaje. Había nacido y se había formado como atleta en Suiza, pero sobre su uniforme llevaba los colores de la tierra de su madre: República Dominicana.
A pocos metros, en otro escenario del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, Wilfrido de la Cruz recorría el área de competencia con la bandera dominicana extendida sobre sus hombros.
Dos atletas, dos disciplinas y dos nuevas medallas de oro.
Pero aquella jornada representó algo más que dos victorias individuales. Mientras Damiano triunfaba en judo y De la Cruz se coronaba en taekwondo, República Dominicana alcanzaba una cifra simbólica que resume décadas de participación deportiva: mil medallas acumuladas en la historia de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
El país anfitrión no solo estaba organizando los Juegos del centenario. También estaba escribiendo una de las páginas más importantes de su propia trayectoria en ellos.
ESMERALDA DAMIANO: UN ORO ENTRE DOS NACIONES
Esmeralda Damiano Guerrero conquistó el segundo oro dominicano de Santo Domingo 2026 al imponerse en la final de la categoría femenina de menos de 70 kilogramos.
Su rival fue la venezolana Eliana Aguiar.
La victoria convirtió a Damiano en la segunda judoca dominicana campeona durante estas competencias, después del triunfo de Ana Rosa García en los menos de 57 kilogramos.
Su historia, sin embargo, se extiende mucho más allá del tatami.
Damiano nació en Basilea, Suiza. Es hija de la dominicana Ramona Guerrero y del italiano Silvio Damiano. Se formó deportivamente en territorio suizo, pero decidió representar a República Dominicana, la nación materna con la que construyó una conexión cultural y afectiva.
Antes de llegar a estos Juegos, había ganado una medalla de plata para el país en el Campeonato Panamericano de Judo de 2026, celebrado en Panamá. También había conquistado oro durante su etapa juvenil.
“Si está representando a la República Dominicana o a otro país, los dominicanos siempre están orgullosos de sus atletas”, expresó Damiano antes del inicio de los Juegos al reflexionar sobre la relación de la diáspora con el deporte nacional. Santo Domingo 2026
Su oro confirma que la identidad deportiva dominicana ya no se construye únicamente dentro de las fronteras nacionales. También crece entre los hijos de emigrantes que, aun nacidos y formados en otras sociedades, encuentran en el uniforme dominicano una manera de regresar.
WILFRIDO DE LA CRUZ: LA BANDERA ALREDEDOR DEL DOJANG
La tercera medalla de oro para República Dominicana llegó por medio de Wilfrido de la Cruz, campeón de la categoría masculina de menos de 54 kilogramos del taekwondo.
En el combate decisivo, De la Cruz se impuso al hondureño Derek Midence por 2-0. El dominicano controló los dos asaltos disputados y cerró el enfrentamiento con autoridad.
Cuando terminó, tomó la bandera nacional y recorrió con ella el dojang del Pabellón de Taekwondo del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte.
La celebración pareció espontánea, pero detrás de ella existían años de entrenamiento. De la Cruz había obtenido anteriormente la medalla de plata en el Campeonato Panamericano de Taekwondo de 2026. En Santo Domingo encontró la oportunidad de subir un escalón más alto.
El oro también confirmó el buen comienzo del taekwondo dominicano, que añadió medallas de bronce mediante las actuaciones de Cristofer Reyes, en los menos de 58 kilogramos, y Nahomy Víctor, en los menos de 53.
Con Damiano y De la Cruz, República Dominicana cerró esa etapa de la competencia con tres oros: dos procedentes del judo y uno del taekwondo.
EL CAMINO HACIA LAS MIL MEDALLAS
La cifra histórica no apareció de repente.
República Dominicana comenzó Santo Domingo 2026 con 993 medallas acumuladas desde su primera participación en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en 1946, según el conteo del Comité Olímpico Dominicano.
Durante la primera jornada, la delegación agregó cinco preseas. Después llegaron dos medallas de bronce obtenidas por Francesca Pigozzi en esquí náutico, suficientes para completar el millar.
Pigozzi subió al podio en las modalidades femeninas de figuras y salto. En figuras obtuvo 1,870 puntos. En salto alcanzó una marca de 18.5.
Por esa razón, aunque los oros de Damiano y De la Cruz marcaron los grandes titulares de la jornada, fueron las dos preseas de Pigozzi las que completaron matemáticamente la histórica cifra de 1,000 medallas.
Ese detalle no reduce el valor de ninguna victoria. Por el contrario, demuestra la naturaleza colectiva de un medallero construido durante 80 años.
La medalla número mil pertenece a quienes compitieron en Santo Domingo, pero también a generaciones anteriores de boxeadores, velocistas, levantadores de pesas, judocas, taekwondistas, peloteros, nadadores y atletas de numerosas disciplinas que representaron al país desde mediados del siglo XX.
EL JUDO, PRIMER GRAN MOTOR DOMINICANO
Durante las jornadas iniciales, el judo se convirtió en la disciplina más productiva para la delegación anfitriona.
Además de los oros de Ana Rosa García y Esmeralda Damiano, el país consiguió plata con Estefanía Soriano en menos de 48 kilogramos.
También llegaron medallas de bronce mediante Diego García, Maikor Louis, Samantha Josefa y Creymarlin Valdez.
El resultado fue una cosecha de siete preseas para el judo dominicano en los primeros días de competencia.
No se trata de un éxito improvisado. El judo nacional ha construido durante décadas una estructura competitiva capaz de producir atletas continentales, panamericanos y olímpicos. Competir en casa ofreció ahora la oportunidad de convertir esa preparación en una celebración compartida con el público.
UN PAÍS ENTRE LOS PRIMEROS DEL MEDALLERO
Al terminar la jornada en la que se produjeron los triunfos de Damiano y De la Cruz, República Dominicana ocupaba el quinto lugar del medallero general con 13 preseas: tres de oro, dos de plata y ocho de bronce.
La clasificación continúa cambiando conforme se disputan nuevas finales. En la actualización oficial más reciente consultada, la delegación dominicana se mantenía en el quinto puesto, aunque ya había ampliado su cosecha.
México conserva el liderazgo inicial, seguido por delegaciones tradicionalmente poderosas como Colombia, Cuba y Venezuela. Medallero oficial
Para República Dominicana, el desafío consiste ahora en sostener el ritmo durante las próximas jornadas y distribuir sus resultados entre una mayor cantidad de deportes.
La ventaja de competir como anfitrión ofrece respaldo popular, conocimiento de las instalaciones y una delegación numerosa. Pero también eleva las expectativas.
Cada atleta dominicano participa bajo la mirada de un país que espera resultados y que, por primera vez en décadas, puede presenciar de cerca una parte significativa de sus actuaciones.
LOS JUEGOS DEL CENTENARIO
Los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe se celebran cien años después de la primera edición, organizada en Ciudad de México en 1926.
La competencia de Santo Domingo reúne aproximadamente 6,200 atletas, una cifra récord para el evento. El programa comprende 40 deportes y 53 disciplinas, de acuerdo con la presentación realizada por el Comité Organizador antes de la inauguración. Las competencias comenzaron el 24 de julio y continuarán hasta el 8 de agosto. Comité Organizador de Santo Domingo 2026
Atletas de 37 países y territorios compiten en instalaciones distribuidas entre Santo Domingo y otras localidades del país.
La magnitud convierte esta edición en una prueba deportiva y organizativa. Durante más de dos semanas, República Dominicana deberá coordinar competencias, transporte, alojamiento, seguridad, atención médica y operaciones técnicas para miles de participantes.
La celebración también devuelve los Juegos a una ciudad con una relación histórica con el evento. Santo Domingo fue sede en 1974 y Santiago acogió una edición extraordinaria en 1986.
UNA CIFRA CON ROSTROS HUMANOS
Las estadísticas deportivas suelen reducir una historia a columnas: oro, plata y bronce.
Pero detrás de las mil medallas dominicanas existen mil momentos diferentes.
Hay atletas que regresaron al país como campeones y otros que compitieron sin recursos suficientes. Hay familias que financiaron entrenamientos, entrenadores que trabajaron fuera de las cámaras y comunidades que vieron en cada triunfo una representación de sus propias posibilidades.
La medalla de Damiano contiene la historia de una hija de la diáspora que decidió competir por la nación de su madre.
La de De la Cruz conserva la imagen de un joven recorriendo el área de combate cubierto por una bandera.
Las de Pigozzi ocupan un lugar particular porque completaron una cifra que ninguna generación había alcanzado antes.
MÁS ALLÁ DEL NÚMERO MIL
La celebración de las mil medallas no debe funcionar como punto de llegada, sino como una oportunidad para preguntarse qué necesita el deporte dominicano para conquistar las próximas mil.
El talento por sí solo no es suficiente.
Los resultados sostenibles requieren instalaciones adecuadas, entrenadores preparados, competencias nacionales, atención médica, nutrición, educación y apoyo económico para que los atletas no tengan que abandonar su disciplina antes de alcanzar su mejor nivel.
Santo Domingo 2026 ofrece una vitrina extraordinaria. Pero el verdadero legado se medirá después de que se apaguen las luces y los visitantes regresen a sus países.
Las medallas de Esmeralda Damiano Guerrero y Wilfrido de la Cruz pertenecen al presente. La número mil pertenece a la historia.
El próximo desafío será convertir este momento de orgullo en una estructura capaz de sostener el futuro.
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SANTO DOMINGO 2026: REPÚBLICA DOMINICANA CELEBRA EL ORO MIENTRAS EL CALOR SE CONVIERTE EN OTRO RIVAL
“Lo importante en la vida no es el triunfo, sino la lucha.” Pierre de Coubertin
SANTO DOMINGO.— En el pabellón de judo del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, Ana Rosa García no solo derrotó a una adversaria. La judoca dominicana venció también el peso de las expectativas de un país anfitrión que aguardaba su primera gran celebración en los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.
García conquistó la medalla de oro en la categoría femenina de menos de 57 kilogramos después de imponerse por ippon a la colombiana María Villalba, cuando el reloj marcaba 3 minutos y 40 segundos de combate.
Fue el primer oro de República Dominicana en estos Juegos y una de las primeras escenas capaces de resumir el significado de competir en casa: la concentración de una atleta, el silencio antes de la definición y, finalmente, la explosión de una bandera que parecía agitarse en todo el país.
La victoria de Ana Rosa colocó nuevamente al judo entre las disciplinas más productivas para el deporte dominicano y fortaleció el inicio de una delegación que aspira a aprovechar la condición de anfitriona para construir una actuación histórica. Sitio oficial de Santo Domingo 2026
UNA VICTORIA CON HISTORIA
Ana Rosa García, nacida en 1997, no llegó a este escenario como una desconocida.
Su trayectoria incluye el oro de los Juegos Panamericanos de Lima 2019 y varias medallas en campeonatos continentales. También formó parte del equipo dominicano que ganó bronce en la competencia mixta de los Juegos Panamericanos de Santiago 2023.
Para alcanzar la final en Santo Domingo, superó a la venezolana Audreys Pacheco. En el combate decisivo encontró frente a ella a Villalba, una rival colombiana con experiencia internacional.
La dominicana esperó el momento adecuado y resolvió el enfrentamiento de la manera más contundente que permite el judo: con un ippon.
Su victoria se sumó a la medalla de plata conseguida por Estefanía Soriano en la categoría de menos de 48 kilogramos, confirmando desde las primeras jornadas la fortaleza del judo nacional.
La escena tuvo además un valor simbólico. No era solamente una atleta subiendo al podio. Era una representación de años de entrenamiento, lesiones, sacrificios familiares y competencias realizadas lejos de las cámaras.
REPÚBLICA DOMINICANA ENTRE LOS PRIMEROS LUGARES
Los resultados iniciales permitieron a República Dominicana instalarse entre las delegaciones mejor posicionadas del medallero.
Al cierre de la consulta realizada para este artículo, el país anfitrión aparecía en la quinta posición, con tres medallas de oro, detrás de México, Colombia, Cuba y Venezuela. La clasificación continúa cambiando conforme se celebran nuevas finales. Medallero oficial de Santo Domingo 2026
El comienzo representa una señal positiva, aunque la competencia apenas empieza.
México ha establecido el ritmo inicial gracias a la profundidad de su delegación. Colombia, Cuba y Venezuela también conservan la tradición y los recursos deportivos necesarios para disputar los primeros puestos.
República Dominicana deberá convertir la energía de competir en casa en resultados constantes. El reto no consiste únicamente en ganar una medalla memorable, sino en sumar preseas en distintas disciplinas durante las jornadas que restan.
Ya surgieron otros resultados alentadores, entre ellos el oro obtenido por Wilfrido de la Cruz en la categoría masculina de menos de 54 kilogramos del taekwondo.
Pero mientras los atletas compiten por subir al podio, todos enfrentan un adversario que no aparece en el calendario ni viste el uniforme de ningún país.
EL CALOR TAMBIÉN COMPITE
Santo Domingo recibe los Juegos bajo condiciones que combinan temperaturas elevadas, humedad intensa, radiación solar y períodos de viento limitado.
En algunas sedes, una temperatura cercana a los 32 °C, acompañada de una humedad de entre 60 % y 80 %, puede producir sensaciones térmicas próximas a los 40 °C.
Para un espectador, esas condiciones pueden resultar incómodas. Para un atleta que corre, combate, pedalea o compite durante varias horas, pueden representar un riesgo médico.
El cuerpo humano intenta reducir su temperatura mediante el sudor. Pero cuando la humedad es muy alta, la evaporación se hace más lenta y el organismo pierde parte de su capacidad natural para enfriarse.
A partir de ese momento pueden aparecer calambres, agotamiento, desorientación, pérdida de coordinación y, en los casos más graves, un golpe de calor capaz de comprometer órganos vitales.
El historial deportivo de Santo Domingo ofrece una advertencia.
En junio de 2021, el tenista dominicano Nick Hardt y el argentino Nicolás Kicker terminaron un partido de casi cuatro horas en condiciones extremas. Hardt sufrió calambres que se extendieron desde las piernas hasta el abdomen y la espalda, mientras su rival vomitaba. Ninguno podía caminar con normalidad al terminar el encuentro.
Aquella jornada ocurrió con una temperatura aproximada de 30 °C, una humedad cercana al 90 % y una sensación térmica próxima a los 40 °C. El País
MEDIR EL CALOR, NO SOLO SENTIRLO
Los especialistas sostienen que no basta con consultar la temperatura general de la ciudad.
Las condiciones sobre una cancha sintética, una pista, una carretera o una playa pueden ser mucho más severas que las registradas por una estación meteorológica distante.
Por esa razón, una de las herramientas fundamentales es el índice WBGT, siglas en inglés de Wet Bulb Globe Temperature. Esta medición combina temperatura, humedad, radiación solar y movimiento del aire para estimar el estrés térmico real que soporta el organismo.
El WBGT debe medirse directamente en cada escenario deportivo. Sus resultados pueden utilizarse para modificar horarios, aumentar los períodos de descanso, reforzar la hidratación o, cuando sea necesario, interrumpir una competencia.
No existe una única cifra que obligue a suspender automáticamente todas las pruebas. El riesgo depende del deporte, la duración del esfuerzo, la ropa utilizada, la exposición al sol, la aclimatación del atleta y la capacidad de respuesta médica disponible.
HIDRATACIÓN Y RESPUESTA INMEDIATA
La protección de los atletas comienza antes de la competencia.
Los equipos médicos deben vigilar la hidratación, controlar la pérdida de líquidos y sales minerales, establecer áreas de sombra y disponer de hielo, bebidas frías, toallas húmedas y sistemas de enfriamiento corporal.
También deben prestar atención a síntomas que pueden parecer menores: dolor de cabeza, mareos, náuseas, confusión, debilidad inusual o cambios repentinos en el rendimiento.
Cuando existe sospecha de golpe de calor, cada minuto cuenta.
El principio médico recomendado es claro: “enfriar primero, transportar después”. Esto significa reducir inmediatamente la temperatura del atleta —preferiblemente mediante inmersión en agua fría cuando sea posible— antes de trasladarlo, siempre bajo la supervisión de personal médico preparado.
La diferencia entre una recuperación rápida y una tragedia puede depender de la velocidad con la que se reconozca el problema.
MÁS QUE UNA COMPETENCIA DEPORTIVA
Los Juegos Santo Domingo 2026 reúnen a miles de atletas de decenas de países y territorios del Caribe y Centroamérica. Las competencias se extenderán hasta el 8 de agosto en múltiples instalaciones deportivas.
Para República Dominicana, el evento representa una oportunidad de proyectar su capacidad organizativa, renovar instalaciones y mostrar el crecimiento de sus atletas ante el público regional.
Pero también constituye una prueba de adaptación frente a una realidad que afecta cada vez más al deporte mundial: competir en un clima más cálido y menos predecible.
La calidad de los Juegos no será evaluada únicamente por las ceremonias, los récords o la cantidad de medallas. También será medida por la capacidad de proteger a quienes hacen posible el espectáculo.
EL ORO Y LA RESPONSABILIDAD
La medalla de Ana Rosa García ofrece al país una razón legítima para celebrar. Su victoria representa disciplina, perseverancia y orgullo nacional.
Sin embargo, el verdadero éxito de Santo Domingo 2026 dependerá de lograr dos objetivos al mismo tiempo: conquistar resultados deportivos y garantizar que cada atleta pueda competir en condiciones seguras.
El oro quedará registrado en el medallero. Las fotografías de Ana Rosa permanecerán como parte de la memoria deportiva dominicana.
Pero detrás de cada podio habrá otra competencia menos visible: la lucha contra el calor, el agotamiento y los límites físicos del cuerpo humano.
En estos Juegos, la excelencia no consistirá solamente en llegar más alto, correr más rápido o combatir mejor. También consistirá en reconocer cuándo detenerse, cómo protegerse y de qué manera cuidar la vida mientras se persigue la gloria.
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CRISIS EN QUEENS: LOS METS ENCADENAN ONCE DERROTAS Y LOS FANÁTICOS BUSCAN RESPUESTAS ENTRE LA FRUSTRACIÓN Y LA SUPERSTICIÓN
“Cuando la razón no alcanza, la emoción construye sus propias verdades.”
Por momentos, el béisbol deja de ser un juego de estadísticas y se convierte en un territorio dominado por sensaciones, símbolos y creencias colectivas. Eso es precisamente lo que ocurre hoy con los New York Mets, una franquicia que atraviesa una de las rachas más desconcertantes de su historia reciente: once derrotas consecutivas que han encendido las alarmas dentro y fuera del terreno.
Lo que comenzó como una mala semana se ha transformado en una narrativa mucho más compleja. En las gradas, en redes sociales y en programas deportivos locales, algunos fanáticos han empezado a atribuir la caída del equipo a una supuesta “maldición” vinculada al alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani.
Aunque la afirmación carece de sustento racional, refleja el nivel de frustración acumulado en una base de seguidores acostumbrada a convivir con la incertidumbre, pero no con una caída tan prolongada y sostenida.
UNA RACHA QUE DESBORDA LO DEPORTIVO
Las once derrotas no solo pesan en la tabla; pesan en el ánimo colectivo. Errores defensivos, ofensiva inconsistente y decisiones cuestionadas desde el banquillo han sido señalados como factores concretos. Sin embargo, el béisbol especialmente en ciudades como Nueva York rara vez se queda en lo técnico.
En Queens, cada derrota ha ido alimentando una narrativa emocional. Lo que antes era análisis ahora es sospecha; lo que era crítica ahora se convierte en mito. La idea de una “maldición” no es nueva en el deporte, pero resurge con fuerza cuando los resultados parecen escapar a toda lógica.
ENTRE LA REALIDAD Y LA CREENCIA
Históricamente, los equipos en crisis suelen cargar con explicaciones simbólicas. Desde la famosa “Maldición del Bambino” en Boston hasta supersticiones más locales, el deporte ha sido terreno fértil para este tipo de interpretaciones.
En el caso de los Mets, la mención del alcalde no responde a hechos verificables, sino a una necesidad colectiva de encontrar un responsable visible en medio del desconcierto. Es una reacción humana: cuando no hay respuestas claras, se construyen narrativas que llenen el vacío.
EL DESAFÍO DE RECUPERAR EL RUMBO
Mientras tanto, dentro del clubhouse, la realidad es otra. Jugadores y cuerpo técnico enfrentan la presión de revertir una tendencia que ya comienza a marcar la temporada. Cada juego se convierte en una oportunidad urgente, no solo para ganar, sino para romper una inercia que amenaza con definir el año.
El béisbol, al final, suele volver a su cauce natural. Las rachas terminan, las estadísticas se equilibran y las explicaciones regresan al terreno de lo tangible. Pero en el camino, quedan estas historias: momentos donde la ciudad, el equipo y la emoción se entrelazan de una forma que va más allá del marcador.
Hoy, en Nueva York, los Mets no solo luchan contra sus rivales. También enfrentan el peso de una narrativa que mezcla deporte, frustración y superstición en partes iguales. Y en esa mezcla, el juego se vuelve algo más que nueve entradas.
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