Historias
Fallece comunicador e inquieto actor social de Mao Marcelino Cabrera, director de la página Hispanos del Mundo.com
Por Cesar Gutiérrez, El 4to. Poder
Mao. – El fallecimiento del comunicador dominicano Marcelino Cabrera, vinculado al medio digital Hispanos del Mundo.com, ha generado consternación en la comunidad periodística y en la provincia Valverde, especialmente en Mao.
La información fue dada a conocer a las 11:27 AM de este miércoles por el cuerpo médico que le asistía en el hospital Ing. Luis L. Bogaert de Mao. Su resto estarán expuestos en la funeraria municipal de Mao.
Cabrera, sufrido un accidente de tránsito el pasado domingo, mientras se desplazaba en una pasola cuando fue impactado por el conductor de una motocicleta tipo “margarita”, recibiendo fuertes golpes en la cabeza que le provocaron un trauma craneoencefálico, además de presentar un cuadro de etilismo agudo.
Un comunicador activo en su comunidad
Marcelino Cabrera era reconocido por su labor como comunicador y por su participación en medios digitales, donde abordaba temas locales y sociales. Diversas publicaciones destacan que no solo ejercía el periodismo, sino que también se mantenía cercano a las problemáticas de su comunidad, siendo considerado una voz activa en Mao.
Reacciones y pesar
Tras confirmarse su fallecimiento, múltiples mensajes en redes sociales han resaltado su trayectoria, su carácter y su compromiso con la comunicación. La noticia ha impactado especialmente al gremio periodístico local, donde Cabrera era una figura conocida.
Un hecho que enluta al periodismo local
La muerte de Cabrera se suma a una serie de pérdidas recientes en el ámbito comunicacional, dejando un vacío en los medios digitales de la región. Su partida también pone de relieve los riesgos que enfrentan muchos comunicadores en su vida cotidiana.
Conocido popularmente como El Coqui, Cabrera permaneció varios días ingresado en una unidad de cuidados intensivos UCI, tras ser embestido por un conductor de una margarita el domingo pasado en hora de la noche.
Historias
CUANDO LA HISTORIA SE ESCONDÍA EN LAS SOMBRAS: EL SECUESTRO QUE SACUDIÓ A UNA NACIÓN
“Los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo.”
Vivía yo en “La entrada de la Trujillita”, un paraje de la entonces sección de Damajagua. Era 24 de marzo de 1970, y el país respiraba un aire denso, cargado de incertidumbre. La tensión política no era un rumor lejano, sino una realidad palpable que se colaba en cada conversación, en cada mirada, en cada silencio.
Bajo el mandato de Joaquín Balaguer, el poder se consolidaba con métodos que muchos calificaban como represivos. La oposición dominicana, acorralada por ese clima, ya hablaba de retirarse del proceso electoral de mayo de ese mismo año una decisión que, con el tiempo, se convertiría en un punto de inflexión en la historia política del país.
Ese mismo día, mientras la nación lidiaba con su propia fragilidad democrática, un hecho estremecedor sacudió el corazón del Distrito Nacional. El coronel Donald J. Crowley, agregado militar de la Embajada de Estados Unidos en República Dominicana, fue secuestrado por un comando de organizaciones de izquierda.
El operativo ocurrió en las inmediaciones del Hotel El Embajador, un lugar que, hasta entonces, simbolizaba más diplomacia que peligro. Crowley fue interceptado y posteriormente trasladado a una vivienda en la avenida Francia, a escasos metros del Palacio de la Policía Nacional un detalle que, aún hoy, resuena con ironía histórica.
Los captores exigían la liberación de presos políticos, denunciando las condiciones del régimen. El secuestro no solo fue un acto de presión, sino también un mensaje claro: la lucha política había escalado a niveles donde la confrontación directa se volvía inevitable.
A 55 años de aquel episodio, la memoria colectiva vuelve a ese momento no solo para recordar el hecho en sí, sino para entender el contexto que lo hizo posible. Fue una época donde la política no se debatía únicamente en discursos, sino en acciones que desafiaban abiertamente el orden establecido.
Hoy, más que nunca, la historia nos invita a mirar atrás con responsabilidad. Porque en cada episodio como este, hay lecciones sobre el poder, la resistencia y las consecuencias de una sociedad llevada al límite.
Crédito: Comunicador César Gutiérrez
Historias
EL PRIMER TEMPLO DE UNA COMUNIDAD EN CONSTRUCCIÓN
“La historia es un testigo de lo pasado, una luz de la verdad y una vida de la memoria.” Cicerón
Por Redacción Especial | Estilo The New York Times
ESPERANZA, VALVERDE. : Bajo la sombra de los árboles que bordeaban el parque central, un grupo de hombres conversa mientras la cámara captura un instante que hoy, más de medio siglo después, se convierte en un testimonio invaluable. A sus espaldas, el antiguo Primer Templo Parroquial Católico de Esperanza, levantado en 1907 y derribado en 1958, se erige en la fotografía como un símbolo de la identidad espiritual, social y urbana del pueblo.
En la imagen aparecen Julio Nova, Tabo Consuegra y Luis Hernández, figuras que, aunque captadas de manera casual, representan la cotidianidad de una época en la que la iglesia no era solo un espacio religioso, sino también el verdadero centro de la vida comunitaria.
UN TEMPLO QUE DEFINIÓ A UN PUEBLO
Construido en los primeros años del siglo XX, el templo original de Esperanza surgió en un momento en que el noroeste dominicano experimentaba transformaciones profundas: el crecimiento agrícola, la llegada de nuevas familias y la transición de un simple caserío a un pueblo organizado.
Investigaciones históricas locales y archivos eclesiásticos indican que para 1907 la comunidad ya contaba con los recursos materiales y humanos necesarios para levantar su primer templo formal. Su diseño, sencillo y austero, reflejaba el estilo arquitectónico rural de la época: paredes macizas, techo a dos aguas y una torre campanario que se divisaba desde los caminos de entrada al poblado.
A falta de documentación exhaustiva, las pocas fotografías preservadas como la que hoy compartes— se han convertido en piezas clave para reconstruir la trayectoria urbana y espiritual de Esperanza.
CENTRO DE FE, PERO TAMBIÉN DE VIDA CIVIL
Para la comunidad, la iglesia fue durante décadas:
- Punto de reunión social: bodas, bautizos, procesiones y eventos patronales.
- Espacio educativo: catequesis, alfabetización y charlas comunitarias.
- Referencia urbana: marcaba el corazón del pueblo; las calles principales nacían de su entorno.
Los ancianos del lugar aún recuerdan cómo, cada tarde, las campanas anunciaban la misa y movilizaban a todo el vecindario. El templo no solo marcaba el tiempo religioso, sino también el ritmo social de un pueblo en formación.
1958: UN AÑO DE INFLEXIÓN
Con el crecimiento acelerado de Esperanza en la década de 1950 intensificado por el auge agrícola, la construcción de infraestructura y la expansión urbana típica de la era trujillista el templo original quedó pequeño y estructuralmente insuficiente.
Fuentes locales indican que en 1958 se tomó la decisión de demolerlo para dar paso a una estructura más amplia y moderna, acorde con la nueva escala poblacional. Así desapareció uno de los edificios fundacionales del municipio, borrando de un solo golpe medio siglo de historia arquitectónica.
Lo que se levantó después fue una iglesia más grande, de líneas más contemporáneas, pero la pérdida patrimonial del templo original se siente hasta el día de hoy.
LA FOTOGRAFÍA QUE SOBREVIVE AL TIEMPO
La imagen que compartes, tomada probablemente en los años finales del templo, adquiere un valor extraordinario. En ella, además de la estructura, vemos a Julio Nova, Tabo Consuegra y Luis Hernández, ciudadanos que representan la vida cotidiana que giraba alrededor del templo. Sus sombreros, la postura relajada y la conversación al aire libre evocan una Esperanza más lenta, más íntima y profundamente comunitaria.
Es precisamente este tipo de documentos fotografías familiares, conversaciones transmitidas de generación en generación, recuerdos fragmentados lo que permite reconstruir la memoria histórica de un pueblo que, como tantos en el país, ha cambiado aceleradamente.
LEGADO Y RESPONSABILIDAD
La historia del Primer Templo Parroquial de Esperanza no es solo un capítulo aislado; es un recordatorio de cómo las comunidades se construyen, se transforman y, a veces, pierden parte de su patrimonio sin darse cuenta.
Hoy, recopilar estas imágenes y relatos permite:
- Rescatar la identidad visual del pueblo
- Preservar la memoria para las futuras generaciones
- Comprender la evolución urbana y social de Esperanza
Cada fotografía recuperada, cada nombre identificado, cada fecha confirmada, contribuye a reconstruir la narrativa de un pueblo que merece ser contado con rigor y orgullo.
Historias
EL ORIGEN DEL DOBLE SUELDO; UNA HISTORIA QUE MERECE SER CONTADA SIN MIEDO
“La historia no se corrige: se comprende.”
Por: Roberto Veras
SANTO DOMINGO: Cada diciembre, cuando millones de trabajadores dominicanos reciben el esperado doble sueldo, pocos se detienen a pensar en su origen. El gesto parece tan arraigado en la vida nacional que muchos lo consideran simplemente una tradición, una costumbre que “siempre ha existido”. Sin embargo, su nacimiento no fue espontáneo ni producto de un consenso popular improvisado. Se trata de una decisión legislativa precisa, tomada durante uno de los períodos más controvertidos de la historia dominicana: la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina.
Reconocer este hecho, lejos de ser un elogio al régimen, es un ejercicio de honestidad histórica. Y, como ocurre con tantos capítulos complejos, entenderlo exige colocar los hechos sobre la mesa, sin adornos ni silencios interesados.
Un origen legal cuidadosamente documentado
La historia del doble sueldo o “regalía pascual”, como se llamó en su creación— comienza en un momento de profundas tensiones políticas y sociales. El 20 de enero de 1954, el Senado aprobó un proyecto enviado por el Poder Ejecutivo que obligaba a pagar, por primera vez, un salario adicional a empleados públicos, instituciones autónomas, ayuntamientos y empresas privadas.
El beneficio aplicaba a quienes devengaban menos de RD$200 mensuales, un monto relevante en la economía de mediados del siglo XX. La medida quedó formalizada mediante la Ley No. 3742, que estableció plazos estrictos: el pago debía realizarse antes del 24 de diciembre de cada año, sin excusas y sin excepciones.
Esa legislación no surgió de la nada. Formaba parte de una serie de iniciativas sociales impulsadas durante el régimen, entre ellas el llamado “Día del Pobre” en 1959. Aunque el término era paternalista, el trasfondo era claro: ofrecer algún alivio económico en tiempos navideños. Dentro de este esquema, el regalo pascual funcionaba como un respiro temporal para miles de hogares.
Una medida social dentro de un régimen autoritario
Cualquier análisis serio del período trujillista admite dos realidades paralelas: el régimen fue represivo, brutal y marcado por graves violaciones a los derechos humanos; pero también produjo disposiciones laborales que tuvieron impacto directo en la vida cotidiana de los trabajadores.
Aceptar lo primero sin dejar constancia de lo segundo no es un acto de justicia histórica, sino de conveniencia narrativa.
El doble sueldo pertenece a esa categoría de medidas cuya existencia está documentada, pero que algunos sectores prefieren ignorar. Ya sea por razones ideológicas o por puro desconocimiento, hay quienes se esfuerzan en desvincular este hito laboral de su contexto real, construyendo versiones incompletas del pasado.
Una ley sin ambigüedades… y sin impuestos
Un aspecto central y frecuentemente omitido es que la Ley 3742 no contempla la posibilidad de gravar el llamado “sueldo número 13”. El espíritu de la norma fue explícito: el regalo pascual debía entregarse íntegro, sin deducciones ni cargas fiscales. En una economía donde cada peso contaba, la integridad del beneficio no era un detalle menor; era la esencia misma del alivio que buscaba brindar.
Hoy, cuando se discuten reformas, impuestos y ajustes, este punto histórico adquiere una relevancia incuestionable. No es posible reinterpretar la ley sin alterar su intención original.
Por qué importa hoy este debate
El doble sueldo no es solo una tradición: es un derecho adquirido que sostiene a millones de familias y marca el ritmo económico del cierre de año. Para defenderlo, es necesario conocer su historia sin filtros, sin omisiones y sin las distorsiones que a menudo se levantan para ganar puntos políticos.
Reconocer que su origen se dio bajo un régimen autoritario no lo hace menos valioso, ni menos parte fundamental del desarrollo del derecho laboral dominicano. Simplemente nos recuerda una verdad incómoda pero inevitable: incluso en los escenarios más sombríos pueden surgir disposiciones que, por su impacto social, trascienden a quienes las promulgaron.
La historia dominicana, como toda historia, está hecha de matices. Y el doble sueldo es uno de ellos.
Entenderlo no glorifica el pasado; fortalece el presente.
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