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Los diferentes políticos con que contamos los dominicanos y que esperamos de ellos

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Por César Gutiérrez

22 de abril 2026

Un análisis crítico de los distintos tipos de políticos dominicanos revela que no se trata solo de estilos individuales, sino de comportamientos estructurales que se repiten en el sistema político.

En el accionar político dominicano, encontramos políticos de acción permanentes. Son aquellos consistentes que construyen liderazgo a lo largo del tiempo con una línea ideológica relativamente estable; suelen generar confianza, pero también pueden caer en rigidez o desconexión con nuevas realidades.

Hay políticos de “ojo clínico” ocupan un lugar particular: no son necesariamente los más visibles ni los más carismáticos, pero sí los más intuitivos y estratégicos. Son aquellos capaces de leer con precisión las condiciones objetivas (crisis económicas, desgaste de gobiernos, conflictos sociales, correlación de fuerzas) y las condiciones subjetivas (estado de ánimo de la población, percepciones, símbolos, narrativas dominantes). No actúan por impulso, sino por cálculo; saben cuándo hablar, cuándo callar, cuándo lanzarse y cuándo esperar.

Su principal fortaleza es el timing político. Entienden que en política no basta tener razón o propuestas, sino aparecer en el momento exacto en que la sociedad está lista para escucharlas. Detectan vacíos de liderazgo, identifican errores del adversario y los convierten en oportunidades propias. Por eso, muchas veces emergen de manera sorpresiva, desplazando a figuras que parecían consolidadas pero que no supieron interpretar el cambio del entorno.

Sin embargo, este tipo de político también tiene riesgos. Puede caer en el exceso de cálculo, priorizando la conveniencia sobre la coherencia, lo que a largo plazo erosiona la confianza. Además, si su estrategia se basa únicamente en aprovechar coyunturas y no en construir estructura o identidad, su éxito puede ser efímero. Es decir, el “ojo clínico” abre la puerta, pero no garantiza permanencia.

En términos de marketing político, su enfoque suele ser más quirúrgico que masivo: mensajes precisos, dirigidos a momentos y públicos específicos, aprovechamiento de coyunturas, uso inteligente de símbolos y narrativa adaptativa. No necesitan saturar, sino impactar en el instante correcto. Cuando logran combinar esa capacidad de lectura con consistencia y trabajo territorial, se convierten en líderes de largo alcance; cuando no, quedan como figuras que “supieron ver la oportunidad”, pero no consolidarla.

Los políticos ocasionales aparecen en coyunturas específicas -crisis, oportunidades electorales o arrastres partidarios- y, aunque a veces resultan útiles como figuras de transición, rara vez logran consolidarse. Por otro lado, están los frustrados, actores que en algún momento adelantaron proyectos o visiones que pudieron ser exitosas, pero que, por falta de estructura, timing político o alianzas, quedaron rezagados; con frecuencia derivan en posturas críticas o resentidas del sistema que no los absorbió.

Los oportunistas, en cambio, son probablemente los más visibles: se montan sobre liderazgos ajenos, modas políticas o corrientes de opinión sin una identidad propia clara, lo que les permite sobrevivir, pero difícilmente trascender. A su lado están los que basan su capital político en su condición económica, financiando estructuras, campañas y lealtades; aunque logran presencia rápida, su legitimidad suele ser cuestionada si no logran conectar con causas sociales reales. Los presenciales representan la política tradicional: contacto directo, recorridos, estructura territorial; siguen siendo relevantes en comunidades donde el cara a cara pesa más que el discurso. En contraste, los mediáticos y los de redes sociales dominan la narrativa pública contemporánea: construyen imagen, percepción y agenda, pero muchas veces con debilidad organizativa en el territorio, lo que los hace vulnerables al momento de traducir popularidad en votos efectivos.

Un caso ilustrativo a nivel local ocurrió en Esperanza, Valverde, durante los años noventa, con la figura de Luis Cabrera (El Compa). Parecía un candidato invencible: mantenía un equipo activo diariamente en las calles, desplegaba abundante propaganda, tenía bajos niveles de rechazo y hasta había logrado imponer un mote a sus adversarios “Zapatero a su zapato” que caló en el imaginario político local. Sin embargo, su fortaleza aparente no resistió las dinámicas internas partidarias: terminó siendo despojado de la candidatura que había alcanzado en el PRD mediante un proceso cuestionado -una rifa-, lo que evidenció que el control orgánico del partido podía pesar más que el posicionamiento en la base. Posteriormente, su paso al PLD y su candidatura a diputado, que culminó en derrota, reflejan cómo el capital político construido en un contexto no siempre es transferible a otro, especialmente cuando cambia la estructura de apoyo y el momento político. Este episodio resume una constante dominicana: la política no solo se gana en la calle o en la percepción, sino también en los mecanismos internos de poder que muchas veces escapan al control del propio candidato.

A partir de esa tipología de políticos, lo que esperan hoy los dominicanos no es tanto una figura “perfecta”, sino coherencia entre discurso, conducta y resultados. Después de décadas alternando entre liderazgos carismáticos, clientelares y mediáticos, el ciudadano promedio se ha vuelto más exigente y, al mismo tiempo, más escéptico. Hay varias expectativas claras:

Primero, credibilidad: el político consistente tiene ventaja aquí, pero solo si demuestra que no es prisionero de su pasado. La gente espera menos promesas grandilocuentes y más cumplimiento verificable. Segundo, cercanía real, no solo presencia física o digital. El político presencial sigue siendo valorado, pero ya no basta con “verlo en la calle”; se espera que escuche, gestione y dé respuesta. Tercero, capacidad de resolver problemas concretos: agua, empleo, seguridad, servicios básicos. El discurso ideológico pesa menos que la gestión tangible. Cuarto, independencia relativa del dinero y de los grupos de poder; existe una percepción crítica hacia quienes basan su ascenso únicamente en recursos económicos. Y quinto, autenticidad, especialmente frente al auge de los políticos mediáticos y de redes: la gente detecta con rapidez lo artificial o sobreactuado.

En ese contexto, el marketing político que funciona no puede ser solo propaganda, sino una extensión de la práctica política. Debe tener varios pilares:

Narrativa coherente: no basta con slogans. El político debe construir un relato que conecte su historia personal, sus propuestas y su comportamiento. Si hay contradicciones, el electorado las castiga.

Prueba social y resultados visibles: mostrar obras, soluciones o intervenciones concretas, aunque sean pequeñas, genera más impacto que campañas millonarias sin sustancia.

Segmentación inteligente: no todos los votantes responden igual. El error común es hablarle a todos con el mismo mensaje. Las redes permiten microdirigir, pero eso debe estar respaldado por acciones reales en cada segmento.

Equilibrio entre territorio y digital: el político de redes sin estructura territorial es débil, y el presencial sin presencia digital es invisible para nuevas generaciones. La clave es integrar ambos mundos.

Gestión de reputación continua: no solo en campaña. Hoy la política es 24/7; cualquier error se amplifica. La transparencia, la rapidez en responder crisis y la consistencia en el tiempo son esenciales.

Humanización sin populismo vacío: mostrar cercanía, familia, vida cotidiana, pero sin caer en el espectáculo permanente que desconecta de los problemas reales.

En síntesis, el dominicano ya no espera solo líderes carismáticos o “duros en campaña”, sino gestores creíbles, cercanos y efectivos. Y el marketing político, si no está anclado en esa realidad, se convierte en ruido: puede generar popularidad momentánea, pero difícilmente construye poder duradero.

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OPERATIVO EN LOS JIRASOLES VUELVE A PONER EL MICROTRÁFICO BAJO LA MIRADA DE ESPERANZA

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“Es mejor prevenir los delitos que castigarlos.” — Cesare Beccaria

ESPERANZA, VALVERDE. — Un bulto color rojo vino, varias pequeñas porciones de sustancias todavía pendientes de confirmación y RD$350 en efectivo forman parte de las evidencias que la Policía Nacional dice haber ocupado durante un nuevo operativo contra el microtráfico en el municipio de Esperanza.

El procedimiento, realizado en el sector Los Jirasoles, terminó con el arresto de un joven de 21 años y vuelve a colocar sobre la mesa una discusión que ha aparecido repetidamente durante las últimas semanas en distintos barrios del municipio: la presencia del microtráfico y, particularmente, la vinculación de jóvenes en los casos reportados por las autoridades.

La Dirección Regional Noroeste de la Policía Nacional identificó al detenido como Josué David Taveras Azcona, de 21 años y residente en Los Jirasoles. Según la institución, el arresto se produjo durante labores de investigación y prevención realizadas conjuntamente por miembros de la DICRIM y de la Policía Preventiva.

Pero, más allá del arresto, el propio informe policial contiene un detalle que merece ser aclarado.

LO QUE LA POLICÍA DICE HABER ENCONTRADO

Según el reporte divulgado el miércoles 23 de septiembre, los agentes ocuparon un bulto en cuyo interior encontraron varias porciones de sustancias que fueron identificadas preliminarmente por las autoridades como posibles narcóticos.

El informe enumera:

  • 9 porciones de un polvo blanco presumiblemente cocaína, con un peso aproximado de 6 gramos.
  • 11 porciones de un material rocoso presumiblemente crack, con un peso aproximado de 4 gramos.
  • 18 porciones de un vegetal presumiblemente marihuana, con un peso aproximado de 18.2 gramos.
  • RD$350 en efectivo.

Las autoridades han utilizado el término “presumiblemente” porque la apariencia de una sustancia no constituye por sí sola una identificación científica. Los materiales deberán pasar por los procedimientos correspondientes antes de que pueda establecerse formalmente su composición.

El detenido y las evidencias, según informó la Policía, serían remitidos a la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) para continuar el proceso establecido por la ley.

33 O 38: UNA DIFERENCIA DENTRO DEL PROPIO INFORME

Existe, sin embargo, una inconsistencia numérica en la información difundida.

La Policía informó inicialmente que fueron ocupadas 33 porciones de presuntas sustancias narcóticas.

Pero al sumar el desglose presentado por la propia institución —9, 11 y 18 porciones— el resultado es 38, cinco más de las anunciadas en el total.

Hasta el momento, la información pública consultada no explica la diferencia.

Podría parecer un detalle pequeño dentro de un operativo policial.

No lo es.

Cuando se trata de un procedimiento que puede terminar convertido en evidencia dentro de un expediente penal, las cantidades, pesos, objetos ocupados y circunstancias del arresto forman parte de una cadena de información que debe ser precisa.

Corresponderá a las autoridades aclarar si se trató simplemente de un error en la redacción del comunicado o si existe otra explicación para la diferencia.

Esperanza33 no puede determinarlo con la información disponible.

NO ES EL PRIMER OPERATIVO RECIENTE EN ESPERANZA

El procedimiento de Los Jirasoles llega apenas 12 días después de otro operativo contra el microtráfico realizado en el sector La Fe, también en Esperanza.

El 11 de septiembre, agentes de DICRIM y de la Policía Preventiva detuvieron allí a un joven de 19 años.

En aquel procedimiento, la Policía reportó 133 porciones de presuntas sustancias narcóticas: 78 de presunta marihuana, 54 de presunto crack y una de presunta cocaína.

Las autoridades también informaron que habían ocupado una balanza digital, un teléfono celular y RD$10,750 en efectivo.

Los dos casos son independientes.

No existe información pública que permita establecer alguna relación entre las personas detenidas, las sustancias ocupadas o los lugares intervenidos.

Pero vistos uno al lado del otro, los procedimientos plantean una pregunta que va más allá de las fotografías de evidencias y de las cifras que aparecen en los comunicados:

¿Cuál es realmente la dimensión del microtráfico en Esperanza?

UN PROBLEMA QUE NO SE PUEDE MEDIR SOLAMENTE CON ARRESTOS

Responder esa pregunta exige más información.

Un aumento en los operativos policiales no necesariamente significa, por sí mismo, que el tráfico de drogas esté creciendo.

También podría significar que existe una mayor presencia policial, que las autoridades están realizando más investigaciones o que se están concentrando recursos en determinados sectores.

Para conocer la dimensión real del problema sería necesario disponer de estadísticas más amplias:

cuántos puntos de distribución han sido identificados;

cuántos han sido desmantelados;

cuántas personas han sido sometidas a la Justicia;

cuántos expedientes terminan en condenas;

cuántos casos involucran reincidencia;

y cuáles sectores del municipio concentran la mayor cantidad de intervenciones.

Sin esos datos, cualquier afirmación de que Esperanza atraviesa una “ola” o una “epidemia” de microtráfico sería prematura.

Pero ignorar la frecuencia de los operativos recientes tampoco ayudaría a comprender lo que ocurre.

LA EDAD VUELVE A APARECER

Hay otro elemento que merece atención.

En el operativo de La Fe del 11 de septiembre, el detenido tenía 19 años. En Los Jirasoles, el joven identificado por las autoridades tiene 21.

Dos casos no permiten construir una estadística sobre la juventud de Esperanza.

Mucho menos permiten generalizar sobre una generación completa.

Pero sí recuerdan que detrás de cada expediente policial existe una historia que no comienza necesariamente el día del arresto.

Cuando jóvenes aparecen vinculados repetidamente —siempre de manera presunta y sujetos al debido proceso— a casos relacionados con drogas, la conversación de una comunidad no debería limitarse exclusivamente a cuántas porciones fueron decomisadas.

También debería preguntarse qué oportunidades existen en sus barrios, dónde están los programas deportivos y culturales, qué posibilidades de empleo encuentran los jóvenes y qué papel están desempeñando las familias, las escuelas, las iglesias, las organizaciones comunitarias y las instituciones públicas.

La respuesta policial puede retirar sustancias de una esquina.

La prevención intenta evitar que otra persona ocupe esa esquina mañana.

AHORA COMIENZA EL PROCESO LEGAL

El arresto de Josué David Taveras Azcona no constituye una declaración de culpabilidad.

La Policía ha presentado su versión de lo ocurrido durante el operativo y ha informado sobre las evidencias que asegura haber ocupado.

Corresponderá ahora a las autoridades competentes procesar esas evidencias y, si el Ministerio Público entiende que existen elementos suficientes, presentar el caso ante la Justicia.

El joven conserva su derecho a la presunción de inocencia y al debido proceso.

De igual manera, las sustancias reportadas deben continuar siendo descritas como presuntas drogas mientras no exista confirmación mediante los análisis correspondientes.

La Dirección Regional Noroeste aseguró que continuará realizando operativos focalizados contra el microtráfico en los municipios de la región.

Para Esperanza, sin embargo, la cuestión que queda abierta es más grande que este operativo.

No se trata únicamente de determinar si dentro de aquel bulto había 33 o 38 porciones.

Se trata de conocer qué tan profundamente ha penetrado el microtráfico en algunos sectores, qué está llevando a jóvenes hacia esos espacios y qué estrategia existe para impedir que la historia continúe repitiéndose de barrio en barrio.

Porque una comunidad puede contar cada arresto.

Lo más difícil es conseguir que haya menos historias que contar.

Esperanza33 continuará dando seguimiento al caso y actualizará esta información si la DNCD, el Ministerio Público, la Policía Nacional o los tribunales ofrecen nuevos detalles sobre el proceso.

Nota editorial: Las sustancias mencionadas en esta información han sido descritas como presuntas drogas conforme al reporte policial. La persona detenida conserva la presunción de inocencia hasta que exista una decisión judicial que establezca responsabilidad.

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CUANDO LA SALUD LLEGÓ HASTA MAO: MÁS DE 4,500 PERSONAS RECIBIERON SERVICIOS MÉDICOS GRATUITOS

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“La salud no lo es todo, pero sin ella todo lo demás es nada.”
— Arthur Schopenhauer

MAO, VALVERDE. — Durante dos días, las aulas y espacios del Liceo Juan de Jesús Reyes dejaron de ser únicamente un lugar para enseñar.

Se convirtieron también en consultorios.

Familias que normalmente tendrían que programar una cita, trasladarse hasta un centro médico o posponer un chequeo encontraron allí médicos, medicamentos, vacunas y pruebas diagnósticas sin costo.

Al terminar la jornada “Más Salud y Bienestar”, celebrada los días 4 y 5 de septiembre en Mao, el Ministerio de Salud Pública informó que 4,551 personas habían recibido algún tipo de servicio, mientras que 1,517 fueron atendidas mediante consultas médicas en diferentes especialidades.

La cifra permite dimensionar algo que a veces se pierde detrás de los anuncios institucionales: durante aquellas horas, miles de personas de Valverde y comunidades cercanas tuvieron acceso concentrado en un mismo lugar a servicios que, para algunas familias, no siempre resultan fáciles de obtener.

MUCHO MÁS QUE UNA CONSULTA

La jornada incluyó medicina general, atención cardiometabólica, oftalmología y optometría, odontología, pediatría, ginecología, urología y dermatología.

Según el balance oficial, se realizaron 594 consultas de Medicina General y Cardiometabólico, 327 de Oftalmología y Optometría, 202 de Odontología, 194 de Pediatría, 122 de Ginecología, 40 de Urología y 38 de Dermatología.

También hubo vacunación, pruebas de laboratorio, electrocardiogramas, sonografías, evaluaciones de presión arterial y glucosa, entrega de medicamentos y actividades educativas relacionadas con la prevención de enfermedades.

Pero uno de los componentes más importantes ocurrió después de las consultas.

267 pacientes fueron incorporados a la estrategia HEARTS, un programa destinado al control de la hipertensión y a la prevención de enfermedades cardiovasculares.

Eso cambia en parte la naturaleza de este tipo de operativo.

Una jornada médica puede durar horas.

Una enfermedad crónica, toda una vida.

EL RETO ES LO QUE OCURRE DESPUÉS

El ministro de Salud Pública, Víctor Atallah, ha insistido en que el objetivo del programa no es simplemente instalar médicos durante un par de días y marcharse.

La intención, según explicó durante la actividad, es identificar pacientes que necesitan seguimiento y conectarlos posteriormente con la red de atención sanitaria.

Ese punto puede ser incluso más importante que la cantidad de personas atendidas.

Detectar hipertensión, diabetes u otra condición durante una jornada comunitaria es apenas el primer paso. La diferencia real dependerá de si el paciente puede continuar recibiendo medicamentos, consultas y evaluaciones cuando las carpas, equipos y personal del operativo ya no estén allí.

MEDICAMENTOS, MOSQUITEROS Y ASISTENCIA SOCIAL

El operativo tampoco estuvo limitado exclusivamente a consultas.

El Ministerio de Salud informó la entrega de 615 recetas médicas, 2,350 raciones alimenticias, 400 mosquiteros y 120 canastillas, además de otras acciones sociales.

Unas 95 personas también fueron carnetizadas en SeNaSa, según el balance oficial de la jornada.

Para embarazadas hubo orientación sobre cuidado prenatal y lactancia materna. Los adolescentes recibieron charlas sobre salud mental, primeros auxilios y cuidados personales, mientras que otras actividades abordaron nutrición y prevención de accidentes de tránsito.

UNA PREGUNTA QUE TAMBIÉN DEBE HACERSE ESPERANZA

La jornada se realizó en Mao, pero estaba dirigida a residentes de Valverde y comunidades cercanas.

Y ahí surge una conversación que interesa directamente a Esperanza.

Si este tipo de programa permite detectar enfermedades, entregar medicamentos y acercar especialistas a miles de ciudadanos, vale preguntarse hasta qué punto jornadas de esta magnitud pueden desarrollarse también de manera periódica en Esperanza y Laguna Salada, reduciendo la necesidad de que muchas familias se trasladen a Mao para determinados servicios.

No se trata simplemente de contabilizar consultas.

La verdadera medida de una política de salud comunitaria está en cuánto logra acercarse a las personas que más dificultades tienen para llegar hasta el sistema.

CUANDO LA PREVENCIÓN LLEGA ANTES QUE LA EMERGENCIA

Durante décadas, buena parte de la atención sanitaria ha funcionado bajo una lógica conocida: el paciente busca ayuda cuando ya siente que algo anda mal.

Programas comunitarios como este intentan intervenir antes.

Medir una presión arterial elevada que una persona desconocía.

Detectar niveles anormales de glucosa.

Identificar a un niño que necesita evaluación adicional.

Encontrar una condición cardiovascular antes de que se convierta en una emergencia.

Son pequeñas intervenciones que, individualmente, pueden parecer rutinarias.

Pero juntas explican por qué la prevención puede tener consecuencias mucho mayores que las estadísticas de un operativo de dos días.

En Mao, 4,551 personas pasaron por aquella jornada.

El desafío ahora no está solamente en recordar cuántas fueron atendidas.

Está en saber cuántas de aquellas personas que necesitaban seguimiento continuarán siendo acompañadas cuando regresen a sus hogares.

Porque una consulta gratuita puede resolver el problema de una mañana.

Un sistema capaz de darle continuidad al paciente puede cambiar el resto de su vida.

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AGUAS RESIDUALES VUELVEN AL CENTRO DEL DEBATE EN MAO MIENTRAS AVANZA EL NUEVO ALCANTARILLADO

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“La calidad de una ciudad también se mide por aquello que sus calles no deberían obligar a soportar.”

MAO, VALVERDE. — En una ciudad donde debajo de las calles se construye una de las obras sanitarias más importantes de los últimos años, el problema de las aguas residuales volvió este martes al centro de la conversación pública.

Dirigentes de Fuerza del Pueblo denunciaron este 22 de septiembre la existencia de desbordamientos y acumulaciones de aguas residuales en distintos sectores de Mao y pidieron la intervención de las autoridades responsables del sistema sanitario.

La organización política sostiene que la situación está generando condiciones de insalubridad para residentes de varias comunidades y reclamó acciones para evitar que los problemas continúen.

La denuncia, sin embargo, ocurre en un momento particular.

Mientras residentes enfrentan, según los dirigentes opositores, problemas relacionados con el sistema existente, el Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA) mantiene en construcción un nuevo alcantarillado sanitario diseñado precisamente para transformar el manejo de las aguas residuales de Mao.

ENTRE LA DENUNCIA POLÍTICA Y UNA OBRA EN CONSTRUCCIÓN

Las afirmaciones sobre desbordamientos fueron realizadas por representantes de Fuerza del Pueblo y, por sí solas, no constituyen una evaluación técnica independiente de todo el sistema sanitario de Mao.

Esa distinción es importante.

La denuncia plantea un problema que merece atención, pero determinar su magnitud, las comunidades realmente afectadas, sus causas y las soluciones necesarias requiere información técnica de las instituciones responsables.

Lo que sí está documentado es que Mao atraviesa actualmente una transformación considerable de su infraestructura sanitaria.

El pasado 26 de junio, el director ejecutivo de INAPA, Wellington Arnaud, inspeccionó los trabajos y anunció que la planta de tratamiento de aguas residuales presentaba entonces un avance aproximado del 80 %.

La institución proyectó completar el proyecto antes de finalizar 2026.

UNA OBRA QUE CAMBIARÍA LO QUE OCURRE DEBAJO DE MAO

El nuevo sistema no se limita a una planta de tratamiento.

Los documentos técnicos de INAPA describen una infraestructura diseñada para recoger las aguas residuales desde miles de viviendas y transportarlas mediante un sistema por gravedad hasta una planta con capacidad para procesar aproximadamente 130 litros por segundo.

El proyecto contempla miles de acometidas domiciliarias, decenas de kilómetros de tuberías colectoras y cientos de registros de inspección.

Entre sus componentes figuran aproximadamente 49.9 kilómetros de tubería de ocho pulgadas, además de colectores de mayores dimensiones y un colector principal de más de cuatro kilómetros. También se proyectaron 887 registros de inspección.

Es una obra que ocurre en gran medida fuera de la vista.

Pero cuando esté funcionando, su impacto debería sentirse precisamente porque dejará de verse.

Las aguas que hoy pueden terminar acumulándose o desplazándose por espacios inadecuados deberían ser recogidas, transportadas y tratadas antes de su disposición final.

LOS SECTORES QUE ESPERAN EL CAMBIO

Según INAPA, el proyecto beneficiará sectores como Villa Olímpica, San Antonio, María Auxiliadora, Motocross, Los Cayucos, Cerro Marino, Carlos Daniel, Los Cajuiles, La Mina, Sibila, barrio Militar, Las 300, La 40, El Rincón, El Samán, Copellito y Enriquillo, entre otras comunidades.

La dimensión territorial de esa lista ayuda a comprender por qué el alcantarillado no es simplemente otra obra pública.

El tratamiento de aguas residuales toca asuntos de salud, contaminación, medioambiente, urbanismo y calidad de vida.

Y también explica por qué cualquier denuncia sobre aguas negras desbordándose en sectores residenciales merece algo más que una confrontación política.

Necesita respuestas verificables.

MAO ARRASTRA UN PROBLEMA HISTÓRICO

Documentos preparados dentro del propio proceso del proyecto describían una realidad particularmente delicada: las aguas residuales de Mao no contaban con un sistema completo de recolección, tratamiento y disposición final que respondiera a las necesidades de la ciudad.

El proyecto en ejecución fue concebido precisamente para enfrentar esa deficiencia histórica.

Por eso, las escenas denunciadas ahora deben observarse dentro de dos realidades que existen al mismo tiempo.

Por un lado, una ciudad que todavía enfrenta consecuencias de décadas de infraestructura sanitaria insuficiente.

Por otro, una obra de gran escala que las autoridades aseguran se aproxima a su etapa final.

LA PREGUNTA AHORA ES CUÁNTO FALTA REALMENTE

En junio, INAPA situaba el avance de la planta por encima del 80 % y hablaba de una entrega antes de concluir el año.

Han transcurrido casi tres meses.

La denuncia presentada este martes abre entonces una pregunta que va más allá de Fuerza del Pueblo, del Gobierno o de cualquier organización política:

¿Cuál es el estado real del proyecto a septiembre de 2026 y cuándo comenzará la población a sentir sus efectos?

Esa respuesta corresponde ofrecerla a INAPA.

También sería necesario determinar cuáles sectores presentan actualmente desbordamientos, si esos incidentes están vinculados al viejo sistema, a trabajos relacionados con la nueva infraestructura o a circunstancias distintas.

Sin esas respuestas, cualquier conclusión sería prematura.

UN PROBLEMA QUE NO RECONOCE COLORES POLÍTICOS

Las aguas residuales no distinguen entre oficialistas y opositores.

Cuando un sistema sanitario falla, las consecuencias terminan frente a viviendas, comercios, escuelas y calles utilizadas diariamente por personas con posiciones políticas muy diferentes.

La denuncia de Fuerza del Pueblo pertenece al terreno político.

La solución, sin embargo, pertenece al terreno de los servicios públicos.

Y para los residentes de Mao, probablemente sea esa diferencia la que más importe.

Porque detrás de los porcentajes de construcción, los kilómetros de tuberías y las declaraciones de dirigentes hay una expectativa mucho más sencilla:

poder abrir la puerta de una vivienda, caminar por una calle o permitir que los niños jueguen en su comunidad sin encontrarse con aguas residuales.

Mao tiene ahora una de las mayores oportunidades de su historia reciente para cambiar esa realidad.

La pregunta ya no es solamente si la obra existe.

La pregunta es cuándo comenzará a funcionar plenamente y cuándo ese progreso bajo tierra podrá sentirse, finalmente, en las calles.

Esperanza33 continuará dando seguimiento al proyecto de alcantarillado sanitario de Mao y a cualquier respuesta oficial de INAPA sobre las denuncias realizadas este 22 de septiembre.

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